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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Pereira y su "Central Park"




Por James Cifuentes Maldonado


Hace un poco más de un año compartí, por este mismo medio, mi entusiasmo por los planteamientos que hizo el Director de Planeación Nacional, Simón Gaviria Muñoz, sobre la posibilidad de reubicar el Batallón San Mateo, alternativa que hoy toma forma con la voluntad política expresada públicamente por el alcalde electo, quien, en buena hora, da un muy positivo golpe de opinión sobre el tema, para que los pereiranos nos pongamos a botar corriente, que es como se incuban los grandes proyectos.  

Es oportunísimo que le demos una mirada a esa gran extensión de tierra, que ocupa el corazón del área metropolitana, e imaginemos el mejor uso que pudiéramos darle, de acuerdo con las premisas y los estándares de las ciudades modernas de generar espacios de interacción y de inclusión social, siendo protuberante el déficit que tenemos de zonas verdes.  Estamos llenos de cemento y de lotes de engorde cuyos propietarios esperan la oportunidad de un cambio de uso del suelo o de un plan de renovación parcial, para ganarse la plusvalía, o pendientes de qué nueva gran superficie o almacén viene a asentarse en nuestra metrópoli, por la vocación comercial de la capital del eje, como ya nos estamos acostumbrando a decirle a Pereira, epicentro de la ciudad región.

Los orígenes del batallón se remontan a 1933 cuando se dispuso la creación del Grupo de Artillería N° 4 como unidad orgánica de la Cuarta Brigada, con guarnición en la ciudad de Medellín; por esa época trasegó por varios lugares de Antioquia, como una especie de unidad itinerante e incluso fue puesto en receso hasta cuando vino a recalar a Pereira, como lo indica una reseña que encontré en la página del Ejercito Nacional, que describe el suceso así: “Los primeros cuarteles que ocupó, en la guarnición de Pereira, se localizaron en el edificio Eduardo Santos donde funcionaba el seminario de la ciudad y permaneció allí hasta el año de 1955 cuando se trasladó a las modernas instalaciones de la finca Maraya. La cual fue donada por la ciudadanía de Pereira al Ejército en el año de 1948, gracias a la valiosísima intervención de los señores: doctor Bernardo Mejía M., doctor Roa Martínez, Benjamín Ángel M., Manuel Uribe, Simón Velasco y José Carlos Ángel”.

Entiendo que la donación de las tierras del San Mateo, tuvo un uso específico, el batallón, pero también entiendo que los tiempos han cambiado y que tenemos que evolucionar y adaptarnos a la nueva realidad. Por eso son inminentes y se justifican todos los esfuerzos para que la ciudad se haga al terreno y desarrolle allí nuestro propio “central park”, la gran zona activa con la que Juan Pablo Gallo nos quiere poner a soñar.

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