Por James Cifuentes Maldonado
“Suiza, a punto de convertirse en el primer país europeo que protege a
la familia”, Así titula la noticia un blog ultraconservador denominado “Agencia la Voz” http://agencialavoz.blogspot. pe.
Con la iniciativa de
“proteger la familia” se hace
relación a la idea de que la institución familiar tiene una connotación
inmodificable, en el sentido tradicional de que la unión que le da origen solo
puede estar conformada por un hombre y una mujer; así lo deja entrever el
artículo que hace eco de un movimiento social que, al parecer se está abriendo
paso en Europa, para hacer frente a lo que, en el mencionado blog, han
denominado como “homosexualismo político”, refiriéndose a la tendencia, cada
vez más marcada, de la legislación, en países desarrollados, e incluso emergentes,
de promover la inclusión social, al reconocer a las parejas del mismo sexo, no
solamente sus derechos civiles, sino además la posibilidad de adoptar hijos y
conformar su propio modelo de familia.
Al tener yo una de
esas que los expertos llaman “familia convencional”, con mi esposa y mis hijos,
en un hogar donde los roles son los socialmente aceptados, eso pudiera
interpretarse como que, tácitamente, yo admito que el esquema hombre/mujer es
el estándar sociológico, el normal, expresión, esta última, francamente irritante;
pero a tamaña conclusión no puede llegarse, sencillamente porque aquí no hay
lugar a elecciones, simplemente a cada quien le corresponde su escenario, según
su condición.
En este contexto, que
simplemente procede de la naturaleza, no puedo yo descalificar otras formas de
unión familiar, y mucho menos pasar por alto que, quienes tienen una
orientación homosexual, también tienen derechos, partiendo de la convicción de
que ellos, los gays y las lesbianas, no son personas enfermas, siendo una
verdadera aberración, que causa pena en pleno siglo XXI, creer lo contrario,
porque aún hay quienes piensan que son pacientes psiquiátricos.
La comunidad LGBTI, sobre
la cual no debería haber tanta exposición mediática, para la reivindicación de
unos derechos que ya le son propios, es una realidad, ahí están y tienen la
misma legitimidad para aspirar a conformar una familia, porque las necesidades
y los sentimientos que ellos profesan no son diferentes, porque el amor es el
mismo.
Aunque entiendo la
causa de los puritanos y los conservadores, defender el modelo tradicional de
familia es una tarea muy fácil, allí nos podemos acomodar todos; más meritorio sería
tratar de cambiar el chip para que en esta sociedad quepamos todos, en un mundo
moderno que ha ganado mucho en inclusión social y en el reconocimiento de las
minorías y de la diversidad.
Como dice el cuento, “que
cada quien haga de su capa un sayo”; creo que eso es lo verdaderamente
importante, el respeto por la diferencia.

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