Hay esperanza en Venezuela, hay vestigios de cordura y de lucidez, en una nación venida a menos por el folclorismo y la torpeza, de unos líderes que perdieron el rumbo.
Esta muestra de inteligencia, a través del buen humor, es un bálsamo que revive la ilusión de un pueblo que no renuncia a recomponer el camino y a retomar su grandeza.
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