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lunes, 26 de mayo de 2014

La prostitución de la democracia.

Por: James Cifuentes Maldonado.

Sencillamente desconcertante, por lo absurda, la conclusión de un opinador político del día de hoy en declaraciones dadas a la radio, según las cuales en la costa atlántica de Colombia, se está acentuando el fenómeno del abstencionismo electoral, porque definitivamente, la gente no quiere votar si no les dan algo a cambio. Y no digo que el opinador no tenga razón, de hecho la tiene; es una triste realidad que en nuestro país la corrupción nace justamente de las prácticas clientelistas en la política y en los vicios propiciados por los mismos políticos, que se aprovechan de la ignorancia, la necesidad y la "agalla" de las personas, generalmente de estratos bajos, para hacer de las elecciones una feria donde la gente vende su voto al mejor postor; Pero lo más grave es que no hay conciencia de un mal actuar, porque la gente cree que eso es normal, mejor dicho, la creencia popular en muchas regiones es que lo anormal en unas votaciones es que no haya transporte gratis, tamal, lechona, camiseta, y hasta plata en efectivo. Y así es muy duro hacer democracia.
Pero ojo, que la prostitución del voto en la boca de la urna no es la mitad de lo aberrante que la prostitución del voto por parte de los dirigentes en sus directorios, que compran y venden avales políticos como si fueran mercancías, sin escrúpulos y sin apego a ideología alguna; por eso es que en Colombia los políticos se acuestan liberales y se levantan conservadores, sin mostrar el trasegar de esa metamorfosis. Y los seguidores votan por los tránsfugas, porque al final no entienden ni les importa para donde va su voto.

Hay que entender que, como parte del Estado que somos, ya estamos recibiendo lo que es posible recibir, mucho o poco, de acuerdo con las circunstancias, porque todos somos parte del Estado, para bien o para mal, y precisamente la mejor forma de hacer que la realidad cambie y tengamos más justicia social, es ejerciendo responsablemente el derecho y el deber del voto. Es posible que estas notas sean un grito dado a oídos sordos, porque es probable que quienes cambian el voto por un tamal, no tengan cuenta en Facebook; pero en fin es un granito de arena, para que mis amigos me ayuden a hacer cultura cívica y democrática; si alguna vez han vendido su voto,.... no lo vuelvan a hacer, no sólo es un delito, es un ataque frontal a la decencia.

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