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domingo, 31 de agosto de 2014

CARTA AL TAXISTA DESCONOCIDO


Por: James Cifuentes Maldonado


Señor taxista,  a usted, que hoy no me dio la vía, cuando se la pedí por mi protección, y en vez de eso me echó el carro encima con un pitazo ensordecedor que casi me tumba de mi bicicleta; si, a usted, que no lo conozco, porque desapareció con la misma velocidad con la que aceleró para negarme el paso, le escribo estas letras con la esperanza de que algún colega suyo las lea y de pronto sean útiles para generar un poquito de conciencia.

Mis estudios empíricos, que yo invito a que cualquier persona haga por su propia cuenta, me indican que, de cada 10 conductores de taxi,  la mitad no ejercen su oficio como uno esperaría y como lo exigen las circunstancias del servicio. Es posible que hoy usted sea taxista simplemente porque estaba desocupado y un pariente o un amigo muy querido le  dijo, “hermano coja ese carro mientras le resulta algo”, y por supuesto, como “la necesidad tiene cara de perro”, de la noche a la mañana usted ingresó al inmenso gremio de la mancha amarilla.  Es muy común escuchar que hay abogados manejando taxi, pero también sucede que  hay taxistas que han llegado a ser prestantes abogados; ambas situaciones son perfectamente posibles y sobre todo dignas.

Efectivamente las razones por las cuales usted maneja un vehículo de  servicio público, pueden ser muchas y de distinta índole; podría tratarse  de una situación o de una oportunidad temporal o podría ser que en verdad usted tiene la vocación y ha llegado a este oficio con el ánimo de ser útil a la sociedad y al mismo tiempo desarrollar su proyecto de vida y ganarse su sustento; de cualquier manera, para las personas a las que usted moviliza, lo verdaderamente importante,  es que durante el tiempo que usted sea taxista,  ejerza su labor con decoro,  con respeto y con consideración por la comunidad y  por sus usuarios.

En procura de que su trabajo resulte amable, seguro y agradable para usted, para sus usuarios y apara todos aquellos con los que usted comparte la vía, le dejo estos puntos de reflexión:

1. La necesidad de levantar una carrera no justifica que usted pare abruptamente en mitad de la calle o de la avenida, entorpeciendo el tráfico y exponiendo la seguridad de los pasajeros.

2. Si le gusta llevar la radio encendida, por cortesía, cerciórese del gusto de su cliente, es posible que  él no disfrute tanto como usted del reggaetón, del vallenato o del despecho a todo volumen; es probable que el pasajero quiera otro ritmo, escuchar noticias, o, simplemente, el silencio.

3. Ceda la vía; para que este gesto se le facilite, recuerde, en todo momento, las situaciones en las que era usted el que necesitaba que le dieran prelación.

4. No se impaciente ni agreda con el pito, cuando, en una vía estrecha, el vehículo que lo antecede deba detenerse a recoger o dejar a alguien; tenga en cuenta que usted lo hace todo el tiempo y los demás debemos esperarlo con paciencia.

5. Si debe transportar a una señorita o a una dama, no se le ocurra coquetearle o preguntarle cosas más de las necesarias, ella puede incomodarse o intimidarse, mucho más si el servicio es nocturno. 

En general, sepa y entienda señor taxista, que su labor es importante para la ciudad, para quienes vivimos en ella y para quienes nos visitan o van de paso, incluso, su cultura y su profesionalismo pueden llegar a ser el primer referente que los turistas se lleven de lo que es Pereira y de lo que es Colombia. 


Finalmente, no olvide que usted, que ronda incansablemente las calles, más que un transportador, es un gestor de seguridad y su apoyo para la comunidad y las autoridades puede ser vital, en momentos de vida o muerte. 

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