Por: James Cifuentes Maldonado
¿Han visto esas bolas de paja que se
forman en las zonas desérticas y desoladas, en los paisajes de las películas
del oeste?; ¿esas bolas que a medida que van rodando se van haciendo más
grandes, porque acumulan más y más paja? Pues bien, así son los rumores, y
procedo a explicar esta disparatada analogía.
Las bolas de paja se generan
espontáneamente con la acumulación de materia vegetal muerta y seca,
inservible, que se echa a rodar por efecto del viento, y, corriendo de un lado
para otro, ganan peso y tamaño, mas no por eso se vuelven útiles o importantes;
cuando más, las bolas de paja servirán para encender una buena hoguera.
De la misma manera, en la vida cotidiana, en el desierto de la incertidumbre,
como un mecanismo de defensa, los seres humanos solemos hablar y hacer
conjeturas sobre lo que desconocemos pero que nos gustaría saber.
Sucede en general pero es más ostensible
en los entornos laborales, especialmente en procesos de reestructuración o de
transformación empresarial, cuando la información no fluye suficientemente desde
la cabeza hacia la base de la organización o simplemente cuando no hay
información, porque las decisiones se van dando en la marcha.
En estas circunstancias, como un
fenómeno natural, generalmente motivado por la angustia, cada individuo imagina
lo que puede estar sucediendo y lo que puede pasar y, así, sobre la base de
supuestos, va llenando los espacios de las respuestas que no tiene. Luego, las
suposiciones de una persona son compartidas con las hipótesis de otras, como
una forma de validar y justificar colectivamente que los temores son fundados,
como, cuando en aquel pueblo del cuento de García Márquez, alguien dijo, sin
motivo, que algo muy grave iba a suceder, y efectivamente sucedió, porque todos
se marcharon, sin saber por qué.
Así, como el viento impulsa las bolas
de paja en los desiertos, los rumores son movidos por la imaginación y ruedan
de boca en boca, de corrillo en corrillo, de puesto en puesto, con toda su
carga negativa, porque el rumor no construye y, por el contrario, consume la
energía y el tiempo que las personas podríamos utilizar para aplicarnos y
concentrarnos en nuestro trabajo, que dicho sea de paso es la mejor forma de
prepararnos para los cambios, cuando estos son inminentes.
Literalmente, tanto el rumor como las
bolas del desierto, son pura paja, y en cada uno de nosotros está evitarlas,
sacarles el cuerpo, para que no crezcan y terminen por afectar nuestra salud
mental, el clima laboral y particularmente la productividad.
Darle lugar al rumor es “botar corriente” y, como fuente para la toma de
decisiones, es nefasto, porque el rumor, como la paja, solo sirve para
incendiar los ánimos y enrarecer el ambiente.
EL
BROCHE.
La Suposición en la boca de
unos, se convierte en la “verdad” en la mente de otros, y de ahí en adelante,
la peligrosa cadena que se desata, se llama chisme.

No hay comentarios:
Publicar un comentario