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martes, 2 de septiembre de 2014

LA PAJA Y EL RUMOR


Por: James Cifuentes Maldonado

 

¿Han visto esas bolas de paja que se forman en las zonas desérticas y desoladas, en los paisajes de las películas del oeste?; ¿esas bolas que a medida que van rodando se van haciendo más grandes, porque acumulan más y más paja? Pues bien, así son los rumores, y procedo a explicar esta disparatada analogía.   

Las bolas de paja se generan espontáneamente con la acumulación de materia vegetal muerta y seca, inservible, que se echa a rodar por efecto del viento, y, corriendo de un lado para otro, ganan peso y tamaño, mas no por eso se vuelven útiles o importantes; cuando más, las bolas de paja servirán para encender una buena hoguera.  De la misma manera, en la vida cotidiana, en el desierto de la incertidumbre, como un mecanismo de defensa, los seres humanos solemos hablar y hacer conjeturas sobre lo que desconocemos pero que nos gustaría saber.  

Sucede en general pero es más ostensible en los entornos laborales, especialmente en procesos de reestructuración o de transformación empresarial, cuando la información no fluye suficientemente desde la cabeza hacia la base de la organización o simplemente cuando no hay información, porque las decisiones se van dando en la marcha.   

En estas circunstancias, como un fenómeno natural, generalmente motivado por la angustia, cada individuo imagina lo que puede estar sucediendo y lo que puede pasar y, así, sobre la base de supuestos, va llenando los espacios de las respuestas que no tiene. Luego, las suposiciones de una persona son compartidas con las hipótesis de otras, como una forma de validar y justificar colectivamente que los temores son fundados, como, cuando en aquel pueblo del cuento de García Márquez, alguien dijo, sin motivo, que algo muy grave iba a suceder, y efectivamente sucedió, porque todos se marcharon, sin saber por qué.  

Así, como el viento impulsa las bolas de paja en los desiertos, los rumores son movidos por la imaginación y ruedan de boca en boca, de corrillo en corrillo, de puesto en puesto, con toda su carga negativa, porque el rumor no construye y, por el contrario, consume la energía y el tiempo que las personas podríamos utilizar para aplicarnos y concentrarnos en nuestro trabajo, que dicho sea de paso es la mejor forma de prepararnos para los cambios, cuando estos son inminentes.  

Literalmente, tanto el rumor como las bolas del desierto, son pura paja, y en cada uno de nosotros está evitarlas, sacarles el cuerpo, para que no crezcan y terminen por afectar nuestra salud mental, el clima laboral y particularmente la productividad.   

Darle lugar al rumor es “botar corriente” y, como fuente para la toma de decisiones, es nefasto, porque el rumor, como la paja, solo sirve para incendiar los ánimos y enrarecer el ambiente.
 
EL BROCHE.
La Suposición en la boca de unos, se convierte en la “verdad” en la mente de otros, y de ahí en adelante, la peligrosa cadena que se desata, se llama chisme.

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