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martes, 9 de septiembre de 2014

DESAGRAVIO PÓSTUMO A SERGIO URREGO



Por: James Cifuentes Maldonado



TAN NATURAL COMO EL ARCO IRIS

Rosado por el sexo, Rojo por la vida, Naranja por la salud, Amarillo por el sol, Verde por la naturaleza, Turquesa por el arte, Índigo por la armonía, Violeta por el espíritu. Estas son las significaciones que, en color, la comunidad gay ha querido darle a su condición; como se puede ver, no hay nada que sea ajeno o extraño a los ideales de cualquier heterosexual o en general de cualquier ser humano.

Es aberrante que en pleno siglo 21 sigamos pensando que la orientación sexual de una persona, si no coincide con nuestros convencionalismos o con nuestros prejuicios, deba ser un tema de sicólogos y siquiatras, y, peor, que siga siendo un motivo de discriminación y de exclusión. El mundo está enfermo, y no propiamente de "homosexualidad"; está enfermo de violencia, de injusticia, de intolerancia, de incomprensión, de hambre, de arrogancia y de corrupción.   Los que nos consideramos "normales", además de hipócritas, somos miopes y daltónicos, porque nos empeñamos en ver la vida en blanco y negro, negando, por ignorancia, los tonos intermedios.

No basta que declaremos que “toleramos” a los homosexuales, por quedar políticamente correctos, es necesario que lo interioricemos y lo aceptemos, porque si el destino pone un gay o una lesbiana en nuestra familia, o en nuestro camino, o si ese familiar es un hijo nuestro y estamos abiertos y preparados para ello, descubriremos el más maravilloso regalo que la vida puede darnos, siempre que no nos obstinemos en nadar contra la corriente y decidamos disfrutar de ese hijo, de ese pariente, o incluso, de ese amigo, tal y como es.

En este escrito he utilizado, entre comillas, la palabra “tolerar”, como la actitud que deberíamos tener frente a la homosexualidad,  expresión que me cuestiono, ya que dejar ser y dejar vivir en paz a un homosexual no es ningún favor y mucho menos una condescendencia que la sociedad pueda tener, es un mínimo de civilidad y de convivencia entre iguales.  La vida de un homosexual debería ser noticia solo por los mismos motivos por los que es noticia la  existencia de cualquier ciudadano, su obra y sus méritos.

En el caso de Sergio Urrego, la noticia no es que se suicidó un homosexual, porque el suicidio en general es un lamentable  síntoma de esta sociedad descompuesta, que tiene su propio análisis y millones de causas y raíces; aquí no se matan solo los homosexuales; la verdadera noticia es que un joven talentoso, decidió irse anticipadamente de este mundo, llevándose sus sueños no cumplidos y sus derechos no reconocidos, dando por perdida una lucha que nunca debió ocurrir y que nunca debió afrontar, por absurda y por irracional.



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