Por
James Cifuentes Maldonado
Han
corrido ríos de tinta sobre el cese al fuego bilateral pactado entre el
gobierno colombiano y las Farc; son muchas las voces que han pronunciado para
sobredimensionar la noticia, para demeritarla o simplemente llamando a la
sensatez y la calma.
Aunque
hemos llegado más lejos que nunca en la búsqueda de la paz, existen escollos
como el del mecanismo de refrendación del acuerdo y la fase operativa de la
dejación de armas, que de no ser superados borrarían de un plumazo todo el
avance, sin hablar de los desafíos económicos del posconflicto para asegurar la
efectiva reinserción de los guerrilleros a la sociedad, contando por supuesto
con que los grupos radicales de oposición no saboteen el proceso, lo cual sería
supremamente fácil ahora que los subversivos han aceptado dejarse contar en las
zonas de concentración.
El
expresidente Cesar Gaviria reconoció que el momento actual no hubiera sido
posible sin la facilitación previa de sus homólogos Andrés Pastrana y Alvaro
Uribe, el primero por la gestión del “Plan Colombia” luego del fiasco del
Caguán y el segundo por la arremetida militar durante 8 años que sacó a las
Farc de su zona de confort.
La
ecuanimidad del expresidente Gaviria contrasta con la furia ciega del senador
Uribe quien no pierde oportunidad para incendiar el país con su acomodado
discurso sobre la impunidad, como si con la dudosa desmovilización de los
paramilitares se hubieran cumplido las premisas de verdad, reparación y
justicia. Ante los hechos incontestables
de la Habana que muestran un proceso de paz serio y sin reversa, por el nivel
de detalle de los puntos ya concertados de cara al desarme, el senador Uribe,
fiel a su estilo, lanzó una de sus típicas frases sensacionalistas: “la paz ha
quedado herida”, y se pregunta uno ¿Cuál paz señor Uribe? ¿La del Ubérrimo?
Por
mala que sea la posición de las FARC, por disminuidas que estén, así sean un
puñado de hombres, es inmenso el daño que pueden seguir haciendo parapetadas en
la clandestinidad. Dicen que Carlos Castaño llegó a manifestar que Colombia y
sus montañas son tan grandes que las fuerzas irregulares podrían andar toda la
vida a través de ellas sin toparse un policía; por ello aprecio mucho el punto
en el que estamos y sigo con esperanza el proceso, porque prefiero que mis hijos
beban hoy del vaso medio lleno y no que mueran de sed tras el espejismo de esa
paz perfecta que los fusiles no han posibilitado.
En
un anuncio publicitario de un reconocido whisky, un caminante escocés, portando
la bandera de Colombia, nos invita a "quitarnos las diferencias"; me
parece oportunista pero esperanzador que incluso el Proceso de Paz sea
aprovechado para hacer marketing; es parte de esa bola de nieve que yo espero
empiece a crecer por la fuerza de los hechos; que todos los Colombianos, desde
los más escépticos hasta los que ven la paz como un obstáculo, se suban al bus
de la reconciliación, para explotar todas sus ventajas.


No hay comentarios:
Publicar un comentario