Por: James Cifuentes Maldonado.
Dar buen ejemplo es un gran compromiso y una fortuna cuando se logra impactar el pensamiento de al menos una persona, porque el ejemplo es una cadena que lleva a resultados inimaginables. Lo más importante de dar ejemplo es que el primer ganador es uno mismo. Hagamos un cruzada entonces para dar ejemplo. Seamos padres ejemplares, hijos ejemplares y ciudadanos ejemplares.
Pero hay una cuestión y es que debemos tener claro que entendemos por buen ejemplo, porque generalmente la sociedad nos confunde e invierte los valores de tal forma que lo bueno nos parece raro y lo malo se vuelve el referente; porque todo el tiempo estamos rodeados de una fuerza que nos quiere hacer fracasar a través del mal ejemplo. Porque este mundo es tan salvajemente mezquino y competitivo que sea recrea y se solaza en nuestra desgracia. Sólo nos salva el amor, por eso el amor es el mejor ejemplo, el amor es el principio de todo.
Yo invito a quienes son padres y a quienes no lo son a que hagan el siguiente ejercicio: miren fijamente a su hijo o a cualquier niño, asumiendo que ustedes son los padres y responsables de ese niño y por lo tanto que su seguridad, protección y futuro dependen de ustedes; concéntrense en la expresión tierna e inocente de ese niño y supongan que ustedes quieren que ese estado se prolongue por toda la vida sabiendo que ello dependerá de sus actos porque ese niño copiara todo lo que ustedes hagan. Quédense así por un rato, en silencio y luego saquen sus conclusiones.
Es muy posible que ustedes descubran que no pudieron evitar pensar en todas las cosas negativas y todos los defectos de su ser y de su actuar que usted debería eliminar o atenuar para poder mantener seguro a ese niño y garantizar que será una buena persona cuando sea adulto; con ese momento de verdad y de reflexión usted comprenderá como nunca que es lo que debe hacer y dejar de hacer para que el niño reciba el mejor ejemplo.
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