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viernes, 30 de mayo de 2014

¿Y QUÉ CARAJOS ES LA MERMELADA?

 

Por: James Cifuentes Maldonado.





Además de ser un delicioso aderezo de repostería, la mermelada en estos tiempos modernos es la argamasa que sujeta las estructuras de los partidos y directorios políticos y mantiene viva la gestión y el interés de los dirigentes colombianos.

En un pasado no muy lejano a esa "mermelada" la llamaban auxilios parlamentarios y la llamaban cuotas burocráticas, y la llamaban embajadas,  y la llamaban ministerios, y eso era de lo más normal, nadie se escandalizaba ni se rasgaba las vestiduras por el reparto que se hacía. Es más, era perfectamente normal que con los cambios de gobierno y según los resultados electorales, a los puestos públicos entraran unos y salieran otros y que los parlamentarios reclamaran lo suyo para repartir en la comarca y sacar pecho ante la comunidad para amarrar los votos de las siguientes elecciones.

Yo no sé en que momento los políticos se volvieron tan dignos, hasta los que en su cuarto de hora repartieron notarías, y se dedicaron a atacar al gobierno de turno por una práctica que, pensándolo bien es inherente a la democracia, ya que es natural que los victoriosos en el sagrado arte de elegir y ser elegido tengan la recompensa para sus maquinarias que de una u otra forma trabajan por una causa, lo cuestionable es cómo se reparte el botín y pensaría uno que lo ideal es que las oportunidades de empleo, de inversión y de contratación que genera la actividad estatal se asignaran en lo posible por meritocracia. Pero ese es un mero ideal de soñadores como yo.

Por lo tanto, creo que el cuento de la mermelada es pura hipocresía y berrinches de los nostálgicos de poder, porque en Colombia ningún partido y ningún político tiene autoridad moral para armar aspaviento.  La mermelada se ha ha vuelto en un pretexto más para hacer guerra sucia en esta campaña política 2014 venida a menos por cuenta de los columnistas de bolsillo y los jefes de debate que se multiplicaron como nunca antes se había visto, recorriendo los rincones de la patria en simultánea nacional pescando votos, para canjearlos luego... por mermelada. 

Aquí aplica esa sabiduría popular que dice "lo malo de la rosca es no estar en ella", así como lo malo de la mermelada es que no se reparta en todas las tostadas.



1 comentario:

  1. James definitivamente me tienes convencido de que te equivocaste de carrera y trabajo. Debiste ser columnista en un gran diario de tiraje nacional. Pienso que no puede ser mejor tu definición de "mermelada"...abrazo y sigue escribiendo así !!!!

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