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martes, 8 de julio de 2014

...Y POR TERCO ME HICE PELAR POR BRASIL



Por: James Cifuentes Maldonado


Debidamente documentado como está en la red, siempre reconocí el excelente momento de mi selección Colombia y sentí la dicha y el orgullo por mi país,  como todos los colombianos, por la maravillosa actuación de nuestros jugadores en Brasil 2014.

En mis delirios de analista de fútbol, porque ni jugué al fútbol ni estudié comunicación, lo cual no me desautoriza para opinar como cualquier colombiano del común, me atreví a afirmar, sin apasionamientos, que Colombia era el exponente del mejor juego dentro de los 8 equipos clasificados a los cuartos de final y en tal condición era perfectamente posible que le ganáramos a Brasil,  pero el resultado esperado, que era el más razonable, no se dio. Las razones son muchas, el equipo no jugó un buen primer tiempo, lució ansioso y descoordinado y además se enfrentó a un equipo más dedicado a destruir fútbol que a crearlo, apelando al juego brusco que le quitó fluidez  a la magia que Colombia venía mostrando, y reconozco, con la complicidad del árbitro que no puso los remedios necesarios.  

Tengo que admitir que aunque es un incierto imposible de probar, la forma en que transcurrió el partido con Brasil  pudo incidir en el resultado final, porque si el rival hubiera tenido otra disposición, si el gol de Yepes no hubiera sido anulado o si  James no hubiera cometido esa falta que originó el golazo de David Luiz, o si esa jugada no hubiera sido calificada como falta, otra historia estaríamos contando, pero eso nos pone en el campo de las especulaciones y a mi muy poco me gusta especular, porque las suposiciones son precarias y no conducen a ninguna parte. La única verdad es que Colombia quedó por debajo en el marcador, con dos goles inobjetables, así el  resultado no reflejara o no se compadeciera con lo sucedido en el campo de juego.

Por lo anterior, me hice a la idea de que el partido con Brasil no se perdió necesariamente por la actuación del árbitro, pero  no encontré sintonía en mis amigos, porque mis amigos y la gran mayoría de colombianos si se quedaron pensando que nos robaron, aun pasando por alto que efectivamente Colombia no hizo su mejor actuación,  que cometió errores que antes no había cometido y especialmente que, fueran cuales fueran las circunstancias, no estábamos enfrentados al deportivo tapita sino a Brasil, con su historia y con su público abordo, lo cual era de entrada intimidante, y exigía el mayor aplomo, virtud que Colombia no tuvo.  Pero cualquiera dirá, ¿y porqué Alemania no se deshizo como Colombia si el rival era el mismo sobre todo igual de malo?, la respuesta hay que buscarla en los tres títulos y toda la experiencia mundialista que tiene ese país lo que le da jerarquía, jerarquía que Colombia no tuvo porque llevaba 16 años sin ir a un mundial y porque las veces que había ido, no había tenido actuaciones brillantes, hasta ahora. 

Estimo que ante la impotencia de perder como se perdió el pasado viernes, sobre todo cuando estuvimos tan cerca de llegar más lejos, es natural o es más fácil sobrellevar la situación atribuyendo la culpa a alguien o a algo, con la connotación aquí de que efectivamente Colombia era mejor, que hubo cosas censurables en el partido y que Brasil fue un equipo desconocido, lo cual hizo más dramático el cuadro de la injusticia.

Así, adicional a que yo no le eché la culpa a nadie de la eliminación de Colombia, cometí un pecado mayor, al declarar que habría de apoyar a Brasil en su juego de semifinal solo por la connotación regional, entrando en un choque total con el resto de las opiniones, ya que casi todo mi país  cerró filas alrededor de la idea de que Brasil debía pagar su canallada perdiendo con Alemania,  tal vez porque así se hacía justicia y se alivianaba con un “fresquito” la rabia nacional. Y sucedió lo impensable, Alemania le  propina una paliza de 7 goles a Brasil, y la realidad me deja sin argumentos y se me viene la noche  con todos aquellos con los que discrepé sobre las razones de la eliminación de Colombia, porque efectivamente el resultado  demostró que Brasil no tenía nada,  y eso nos volvió a poner en el terreno de las suposiciones al imaginar entonces qué habría pasado si ese partido de hoy con los alemanes lo hubiéramos jugado nosotros.

Lo cierto es que, haciendo una encuesta rápida con las personas que me encontré a mi paso, de camino a mi casa, pude comprobar que la gente estaba feliz a la “N” potencia por la desgracia de Brasil, hasta mi hija de 8 años, con todo y  lo que admira a Neymar, me dijo que desde un principio quería que ganara Alemania, lo mismo me dijo el portero, y lo mismo me dijo espontáneamente un joven desconocido que pasaba por el frente de mi casa,  y eso para mí fue categórico, mejor, lapidario. 

Aunque no renuncio a mis convicciones debo admitir que terminé nadando contra la corriente, porque el fútbol como muchas cosas en la vida supera lo racional y despierta una inmensa sensibilidad, sensibilidad que yo me empeño en controlar hasta cuando veo un partido por electrizante que sea y cuando celebro calmadamente un gol, pero eso no me hace ni ganador ni perdedor, no me hace más, ni me hace menos,  eso me hace simplemente diferente.

Yo prefiero pensar que el resultado de hoy no tiene que ver con justicias divinas ni con rebalanceos de las energías del universo, simplemente se ha dado la coincidencia de que se enfrentaron dos equipos en extremos diferentes, Alemania en el zenit de su rendimiento con un tremendo futbol, práctico y efectivo, contra una Brasil que fue coherente con lo mostrado en todo el  mundial, un equipo sin ideas, desesperado y sin liderazgos, tal vez por la inmensa presión de ganar un mundial en su propia tierra, por la obligación de quedar campeones para justificar la inmensa inversión que hizo el país y sobre todo luchando contra el fantasma del maracanazo.    En fin, Brasil se ahogó entre el pánico escénico y la opresión de las expectativas políticas. 

Lo que le pasó hoy  a Brasil es un accidente  como le pasó a Argentina en el 5-0 con Colombia o más recientemente a España con Holanda, y téngase en cuenta que en ninguno de los casos se trataba de equipos mal armados  o sin reconocimiento.

A pesar de lo sucedido, sigo pensando que era legítimo esperar que Brasil hoy mostrara una cara y una actitud diferente, porque eso puede pasar con los grandes equipos, aun en sus peores baches, suelen sobreponerse a medida que avanza la competencia y se hace máxima la exigencia, pero eso no sucedió, ni siquiera contra Colombia, porque Colombia fue mejor y Brasil solo tuvo el mérito y la suerte de que le regalamos un gol por un descuido posicional y le sirviéramos la jugada para que nos hiciera una anotación  soberbia, que pensándolo bien, ese segundo gol también fue un hecho aislado porque este mundial no se ha caracterizado por las grandes ejecuciones a distancia.

Dejando a un lado lo de la venganza, que ya está cumplida por intermedio de nuestros “hermanos” teutones y estando por consiguiente satisfechos los ánimos de los millones de almas en pena que había en nuestro país, debo decir que es tranquilizante que un evento sea dominado efectivamente por los mejores, así ello no corresponda con nuestros intereses o con nuestras simpatías, porque cuando ganan los mejores, como hoy lo ha hecho Alemania toma sentido y se realza el espíritu deportivo y se enaltece la competencia, pero todos sabemos que eso no siempre es así y diciendo esto se me vienen a la cabeza las situaciones de cuando Alemania se amangualó con Austria para sacar a la sorprendente Argelia del mundial España 1982 y cuando Argentina increíblemente le metió 6 goles a Perú en un partido aparentemente arreglado para poder avanzar y terminar ganando el mundial del 78 contra la que si era calificada como la mejor, la selección de Holanda.  

Estos antecedentes podrían dar la razón a quienes dicen que a Colombia la sacaron de este mundial maliciosamente pero esa teoría se cae o se desvirtúa al ver lo sucedido el día de hoy con Brasil en el estadio Mineirao.

Mañana, la historia se repite, Holanda se enfrenta, aunque en una instancia diferente a Argentina, y nuevamente yo albergo la esperanza de que los gauchos mejoren lo mostrado hasta ahora, porque tienen con qué, y gane con autoridad el partido para el gozo suramericano, pero al igual que lo reconocí previamente sobre Alemania, tengo que decir que Holanda, aunque ha decrecido en su nivel con el transcurrir de los partidos, ha mostrado mejores cosas que Argentina y en teoría debería jugar la final. 

Pero los partidos no obedecen a la teoría y son para jugarlos, y cada juego es una historia diferente, y esa aparente lógica que favorece ahora a los Holandeses no me hace desear que Argentina pierda, simplemente por la idea  de que gane el mejor, porque no siempre gana el mejor y pongo como ejemplo precisamente este mundial donde Colombia no va a jugar la final, teniendo los méritos y las figuras para hacerlo, además porque soy un aficionado que vivo el fútbol  a mi manera y,  si no es mi selección Colombia la que juega, de todos modos tomo partido.

1 comentario:

  1. Sin palabras amigo mío. Hoy sí que te fajaste con tu "YOPINOKE" !!!!! Me reitero en mis excusas públicas también acá en tu blog porque es lo mínimo que podría hacer. Creo que como bien lo dices me dejé llevar por ese sentimiento "patriota" si es que así se le puede denominar e incurrí en la grave falla de tomármelo personal. Bueno mi amigo solo me queda confirmarte lo que te dije ayer por el Facebook: queda Argentina que como bien lo dices no juega su mejor fútbol pero a fin de cuentas es suramericano y sabes que lo llevo en mi corazón. Aguante Argentina !!!!!!

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