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lunes, 22 de septiembre de 2014

PAISAJE CULTURAL CAFETERO.






Por: James Cifuentes Maldonado



Mucho se oye, mucho se dice del Paisaje Cultural Cafetero, pero es posible que muchos no tengamos tan claro qué es eso, de qué se trata.

El Paisaje Cultural Cafetero es la marca de nuestra región, pero es más que una estrategia de mercadeo, es un tesoro que tal vez no reconocemos y no apreciamos, porque no somos conscientes de él, porque estamos sembrados en su origen, porque hacemos parte de nuestra tierra, somos su gente y estamos fundidos en su infinita gama de verdes, como en una postal viva, y, especialmente, porque no estamos dados a verla en perspectiva y con el tiempo limitado como les toca hacerlo a los turistas.


Porque los turistas, desde todos los rincones del país, y aun del mundo, vienen a ver nuestras montañas, porque son bellas, porque son únicas. Los turistas vienen a verlo todo, los cafetales, los guaduales, los ríos y quebradas, las carreteras, los caminos, los balcones en las plazas de nuestros pueblos, las portadas de las fincas, las veraneras, los nogales, los “yipaos”, los ponchos y los carrieles y hasta la bandeja paisa, pero fundamentalmente vienen a degustar la mágica bebida, extraída del café recién molido y servida con gusto por gente sencilla y amable. Todo eso es Paisaje Cultural Cafetero.

Y si no me creen, si no los convenzo, tomen su carro, su bicicleta o simplemente salgan a caminar por las veredas y corregimientos de Pereira, o denle la vuelta a Caldas o recorran el Quindío. Tómense un tinto en Filandia, almuercen en Santa Rosa, tomen el sol más alegre de Colombia, en Cartago, o simplemente siéntense en una banca del parque de Salamina.  Pero háganlo, no se lo pierdan; es toda una aventura de historia y de tradición, pero también de presente y de futuro, en general, todo un placer, a 50 kilómetros a la redonda.

Antes de irse a otras latitudes y a otros continentes, que sin duda hay que hacerlo, conozcan su tierra para que cuenten por allá, con orgullo, que ustedes viven en una de las geografías más bellas del mundo.

Hay que ir al mar, hay que ir a la nieve, hay que ir al desierto, hay que ir a la selva; en todo caso, sea cual sea el plan, con seguridad vamos a descubrir un detalle: se trata de destinos bellos, pero extremos, que hacen que uno quiera ir pero también que uno anhele regresarse, en tanto que, quienes visitan nuestra tierra, se enamoran de todo lo que contiene el Paisaje Cultural Cafetero, de su gente,  de su clima, de sus cortas distancias, y quisieran quedarse para siempre, de hecho, ya muchos lo hicieron.

 

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