Por James Cifuentes Maldonado
Indio, ¿qué es la Navidad?... Querido Pato, la Navidad es una festividad cristiana con la que se celebra el nacimiento del mesías; nooo, en serio, ¿qué es esa vaina que revoluciona la ciudad y alborota tanto a la gente?; listo Pato, la Navidad es mucho más, es una época en la que pasan muchas cosas; particularmente en Colombia la navidad, o mejor, el fin de año, es una ventana del subconsciente colectivo a través de la cual las personas ven y sienten las cosas diferente, a veces para bien y a veces para mal;
En general sucede que los cristianos esperan a Jesús como la renovación de la ilusión de un tiempo mejor y como la oportunidad de dar gracias, hacer nuevas promesas y esperar nuevos regalos. Durante la espera del Niño Dios y la visita de los Reyes magos, que vienen guiados por la estrella de oriente, los católicos practicantes, y aun aquellos que poco entienden del asunto, decoran su casa, con luces y con mucho color, para que todo sea una fiesta en familia, alrededor de un pesebre o de un árbol. Es tan contagioso esto Pato, y despierta tanto entusiasmo, que las industrias, los comerciantes y hasta las autoridades y los gobiernos de las ciudades gastan grandes presupuestos para adornar las fachadas de sus sedes, las calles y los edificios oficiales, pero ese derroche a casi nadie le preocupa, porque lo disfrutan tanto los creyentes como los que no creen ni en sí mismos; precisamente a eso es que le llaman el “Espíritu de la Navidad” y el que se atreva a ir en contravía, es considerado un amargado, mejor dicho un grinch.
Pero Pato, la Navidad se materializa de muchas otras formas, no necesariamente religiosas y sí, mucho más mundanas, como las que paso a contarte:
La mayoría de personas se torna más simpática, por aquello del “espíritu navideño”; los comercios llenan sus bodegas y sus estanterías para vender lo que no vendieron en el resto del año, porque en la economía abunda el dinero, así sea que las personas lo consigan prestado; las calles se abarrotan de chazas, de puestos ambulantes, de carros y de gente, y casi no se puede caminar; por ende se incrementan los hurtos, el atraco, el fleteo y las estafas, y en general aumenta la inseguridad.
Cada vez con más anticipación, casi que desde septiembre, en la radio suena música antigua con ritmos populares de baile y de parranda, con intérpretes que se han vuelto legendarios como Guillermo Buitrago, Joaquín Bedoya, Tania, Pastor López, Rodolfo Aicardi, Lisandro Mesa, Armando Hernández, Darío Gómez y muchos más, de una lista numerosa y fija; de hecho, suenan canciones que no se oyen sino por esta época como “Las Tres Marías”, “El hijo Ausente”, “La fiesta de mi pueblo”, “La Matica”, y qué decir de “Esta navidad no es mía”, “Mamá dónde están los juguetes”, “Yo no olvido el año viejo” o “Faltan cinco pa las doce”; canciones para reír y para llorar, que siempre se disfrutan igual.
Son costumbre las fiestas de integración familiar, las verbenas entre vecinos y los paseos en las empresas; puede decirse que en diciembre hay un pequeño y tácito pacto social en el que llegar tarde al trabajo no es tan grave; la gente se da la licencia de comer de todo, sin remordimientos, porque al fin y al cabo el exceso se resuelve con dieta en año nuevo, después del 20 de enero, por eso sin reparos los colombianos se deleitan con natilla, buñuelos, tamales, morcilla, marrano frito, postres y dulces, sin compasión; Para destacar es que cada vez es menos frecuente ver el ajusticiamiento del marrano en la vía pública, cruel y raro espectáculo que los extranjeros no entienden, como muchos no entienden las corridas de toros.
Pero con el jolgorio, consecuentemente, y avivados los espíritus por las grandes ingestas de licor, aumentan los problemas de convivencia, se dispara el número de lesionados y las muertes por las riñas, los accidentes de tránsito y el uso de la pólvora, de tal manera que la navidad para algunos es alegría y para otros se convierte en tragedia.
Como puedes ver mi querido Pato, en la navidad pasan muchas cosas, que se resumen en que la gente se siente totalmente desinhibida y libre para vivir y para gozar, como no pasa en ninguna otra época del año; Es tanto así, que la nación entera hace un paréntesis en sus problemas y en sus tragedias, como una tregua impuesta por la tradición y la cultura del pueblo soberano, y, aun, aquellos que están de luto, o incluso en medio de la guerra, encuentran un motivo para celebrar; unos porque a la media noche del 24 de diciembre llega el Niño Dios y otros simplemente porque a la media noche del 31 de diciembre se borra o se resetea el “taxímetro” moral de los propósitos no cumplidos y comienza una nueva ilusión y una nueva oportunidad.
Prepárate pues mi estimado Pato y procura que esta Navidad sí sea tuya y que sea maravillosa, como tiene que ser, según tu propio significado. Por supuesto mi admirado Indio, gracias por tu relato; te invitaré a mi casa, habrá muchas viandas y manjares, pero, espero sepas comprender, que no se servirá “pato a la naranja”.



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