Por
James Cifuentes Maldonado
La
Cámara de Comercio de Pereira celebró la semana pasada sus 90 años de
existencia con un acto emotivo y bien organizado en Expofuturo, donde, más allá
de homenajear a unos pereiranos ilustres, se hizo un gran reconocimiento de
Pereira como ciudad cívica y emprendedora; la exaltación fue para la
"Pereiranidad"; muchos de los que estuvimos allí sacamos pecho, no
tanto por la representación que tenemos en el gobierno nacional y la presencia
del Presidente, lo cual fue circunstancial, sino porque, contar la historia de
la Cámara de Comercio es contar la génesis y el desarrollo de una ciudad como
la nuestra, que no para de crecer y que, con los actuales proyectos en el campo
de la logística y el turismo, se consolida como la capital del Eje.
La
asistencia resultó nutrida, aunque dijeron algunos maliciosos, que tomaron vino
y comieron pasabocas sin contenerse, que la gran convocatoria se debió a que la
organización invitó hasta “al perro y al
gato”; yo creo que debe ser cierto porque hasta a mí me llevaron, pero eso, más
que un reproche, debe ser un mérito ya que, un acontecimiento gremial como
estos en una ciudad de comerciantes como Pereira, que debe su pujanza al
comercio, mal hubieran hecho la sociedad y sus dirigentes con el desaire, por
mera pataleta o antipatía política con la numerosa comitiva de la Casa de
Nariño.
Dada
la magnitud del evento, el dispositivo de seguridad fue mayúsculo al punto que,
a quienes llegamos tarde, nos tocó parquear casi en la 30 de agosto, por ello
me perdí varios discursos.
El
embajador Rodrigo Rivera, muy apreciado por la concurrencia, en una
intervención muy piadosa y muy familiar, reivindicó su gestión en Bruselas,
donde logró que el único requisito para que los colombianos, podamos visitar
Europa sea tener el pasaje y euros para gastar.
Nuestro
juvenil alcalde, la hubiera sacado del estadio por su fluidez y por su aplomo,
sino hubiera sido por su lapsus en el que llamó empresarios “insípidos”, por
decir incipientes, a los pioneros del comercio en Pereira, sin embargo dejó una
buena impresión.
El
presidente Santos no desaprovechó la oportunidad para dejar claro, in extenso,
que no todo va tan mal como dicen y que ha sido el gobernante que más ha hecho
por la paz en Colombia; que el proceso con las FARC y el ELN no tiene vuelta
atrás, aun con todo lo que falta. Sin que Juanma terminara, vi que varios
uribistas “pura sangre” no aguantaron y abandonaron el recinto.
Los créditos para Mauricio Vega Lemus, actual
presidente de la Cámara; piloso, entusiasta y esmerado, como ninguno, en la
proyección de nuestra tierra y muy bien relacionado por los lados de Bogotá.

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