Por James Cifuentes Maldonado
El florecimiento económico de algunos estados europeos, hace 200 años, en parte obedeció a que algunos visionarios entendieron que era preciso desligar los temas religiosos de la institucionalidad y de los asuntos civiles; los comerciantes y los emprendedores entendieron que era necesario propender por una espiritualidad más personal, menos exhibicionista, moderando la intervención de la autoridad eclesiástica con sus dogmas y sus reglas, que se practicaban más para afuera que para adentro, en un ambiente de doble moral.
En medio de las guerras religiosas y de la imposición del cristianismo a sangre y fuego por parte del catolicismo, La ilustración, La Reforma y la diversificación de la economía, fueron un punto de inflexión y una oportunidad para el surgimiento del mundo moderno occidental, como lo conocemos hoy, especialmente en los países desarrollados, dentro de los cuales tristemente no podemos contar a ninguno de los que fueron conquistados y colonizados por España.
El poderío alcanzado por España al “descubrir” América y los recursos extraídos de sus colonias, terminaron siendo un factor de retroceso; con nuestro oro y nuestra plata, la corona española se dedicó a combatir la Reforma en Europa y a los movimientos protestantes que se asentaron especialmente en Inglaterra y Alemania, países precursores del capitalismo que luego los Estados Unidos llevaron a su máxima expresión. La “madre patria” malogró el privilegio del nuevo mundo, se resistió al cambio, defendiendo el "cristianismo total" que cogobernaba, bajo el acicate del pecado y el tráfico de indulgencias, mientras el Vaticano llenaba sus bolsillos.
Y no es que el protestantismo y la llegada de unas nuevas ideas religiosas hayan sido la única o principal causa del desarrollo de la economía; lo que resultó trascendental para los estados protestantes fue su mayor tolerancia y disposición a que los asuntos de Dios pasaran a ser más del dominio del fuero individual de las personas. Al parecer, algunos de los grandes empresarios europeos de la época tuvieron como premisa la observancia de los Diez Mandamientos, con una idea más íntima de Dios, que facilitara un mayor y mejor flujo de los negocios, como motor de la economía.
La Reforma señaló el camino de una sociedad más próspera pero también más reflexiva. Con la invención de la imprenta se popularizaron los libros y se democratizó el conocimiento, ayudando a erradicar horrores como la “santa” inquisición y la “cacería de brujas”, creando las condiciones para un mundo más civilizado.
Las limitaciones que ha traído la actual pandemia como los confinamientos, los toques de queda, la restricción de eventos masivos y particularmente de los actos públicos religiosos, constituyen una oportunidad para practicar una vida espiritual y familiar más genuina, más privada, más recogida y más tranquila, como en efecto hemos tenido que llevar en esta Navidad y fin de año 2020, que posiblemente marcará un punto de progreso para la humanidad, a pesar de la tragedia y quizás gracias a ella.
En estos momentos difíciles pero valiosos, insto a evitar las aglomeraciones, a cultivar la fe en casa y a que llevemos a Dios donde más importa: nuestros corazones.

Se extrañaba ,gracias James
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