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martes, 5 de enero de 2021

Mis primeros 50 años.


 Por James Cifuentes Maldonado

Nací el 6 de enero de 1971, un miércoles, por cierto, a las 4 de la madrugada, y hoy es otra vez miércoles, qué casualidad. Los 50 años que el calendario dice que hoy cumplo en realidad se cumplieron ayer 5 de enero, así como los contratos en los que el corte entre un periodo y otro se completa un día antes de la fecha de inicio.

Medio siglo, 10 lustros, 5 décadas. Si señores, acabo de empezar a ser un quincuagenario, siendo que los 50 años, en la visión más cruda y realista significan el primer piso del sexto nivel. Aunque dicho así: “sexto nivel”, suena bien, es sofisticado, se siente como llegar a la fase de los expertos, después de un largo recorrido en el juego de la vida; un lugar de privilegio al que muchos como mi padre, quien murió a los 36, no pudieron llegar.

A mi edad, como en la eternidad no se envejece más, ya soy mayor que mi papá, alma bendita, y puedo darle consejos y hasta regañarlo por sus deslices, que fueron exactamente los mismos que yo cometí, aunque a él no le alcanzara la existencia para acompañarme más y darme mal ejemplo, lo que confirma que hay ciertos demonios que se llevan por dentro, desde siempre, esperando el momento para salir.

Ahora, ¿que si yo ya salté las cercas que iba a saltar?, no lo sé, mientras corra sangre por las venas, todo puede pasar, pero de lo que sí estoy seguro es que ya no espero muchas cosas de las que tuve ayer; quizás porque no soy el mismo y por más que me esforzara no podría repetirlas como sucedieron en su momento, como esas horas y horas de besos, con aquellas que me amaron, en una esquina a altas horas de la noche, con frío y con la vejiga llena, disimulando la pasión con la mano en el bolsillo, intentando que ese momento no terminara.

Suena raro, pero sí, hay ciertas cosas ya no espero reeditar porque no soy el mismo y porque las personas con las que viví esas experiencias tampoco son las mismas; de hecho, me casé con una de ellas y aunque hemos vivido y construido muchas cosas entrañables, incluso una familia, nunca más corrimos juntos bajo la lluvia ni nos paramos más a besarnos en las esquinas.

Y no es una cuestión de fuerza o energía, aunque ya no somos los mismos, no somos mejores ni peores, ni más fuertes ni más débiles, simplemente crecimos, evolucionamos y somos diferentes; hoy sentimos otras cosas que era imposible distinguir y sentir cuando el cuerpo era joven y aún estaba preso en la primera avalancha de las hormonas, y digo primera avalancha porque hay una segunda, que es precisamente la que estoy empezando a descubrir ahora, menos inflamable, pero con otra intensidad, más reposada, más serena.

Si me propusieran hacer un balance, ¿qué podría decir; de qué logros podría presumir; qué tendría para mostrar? si tengo 50 años y sigo siendo anónimo; ninguna sala de espera de ningún aeropuerto se alborota con mi presencia y nadie quiere tomarse fotos conmigo, nadie me arroja su ropa interior y nadie pide mi autógrafo; no he ganado mi primer millón de dólares, no he escrito mi primer libro y el primer árbol que sembré en una calle de Pereira lo derribaron para pavimentar el andén; aunque volé en parapente no he montado en globo y que yo me acuerde aún no he dado de aquello.

Con semejante recorrido como el que tengo, no he sido ejecutivo del año, no tengo avión como Maluma, el cantante, ni como Abelardo, el abogado mañé; no he tenido ningún cargo de elección popular, no he sido concejal ni alcalde y ser presidente de la república es tan probable como que la NASA llegue a embarcarme en una expedición a la luna o a Marte.  Es posible entonces que, si le preguntan a mi sobrino Mauricio, que suele expresarse sin filtros, responda que su tío James no ha sido nada.

Si señores, tengo que admitirlo, no soy James Rodríguez ni tengo su fortuna, pero soy James Cifuentes y en mi favor diré que nunca he estado en la banca, porque he sido siempre titular de mi propia vida, he jugado todos los partidos, más en la defensa que en el ataque, pero siempre construyendo, aportando en todos y cada uno de los procesos en lo que he tenido la oportunidad de participar.

He cumplido 50 años (porque Dios y la Covid-19 lo han permitido) y no tengo claro si esto es el comienzo del fin o apenas la hora cero de un nuevo comienzo.  Creo que son ambas cosas; atrás queda un James que ya no será más, pero nace un James que vive, piensa y siente diferente, no mejor ni peor, solamente diferente; un James que bebe el café y el licor más despacio, que le toma el sabor a cada bocado, que se detiene  a entender las letras de las canciones, que mira a sus interlocutores a los ojos y los escucha; que devuelve las películas para saber qué fue lo que pasó; que quiere fotografiar todo lo que le parece bello y que quiere contar a los amigos todos los libros que se lee.

A mis 50, soy y seré ese James, sobregirado en el banco, sin propiedades en el exterior y sin acciones cotizando en la bolsa, pero un James con la libertad de poder ir por la calle sin cambiarle de anden a nadie, con el mentón arriba, como me enseñó Bertulfo Ramírez, mi profesor de español en 3º bachillerato; un James que no ha salido en las páginas judiciales, y sólo un par de veces en las sociales, y que puede dar la cara y que tiene las respuestas, a casi todas las preguntas, especialmente a las preguntas que a esta altura del  partido más me interesa responder, las de mi mujer y las mis hijos.

A mis 50, soy ese James consciente de que debe aprovechar mejor el tiempo porque se agota, porque siente que todo le llegó tarde, como la lectura de los clásicos del pensamiento, los libros de historia y la búsqueda de Dios. Soy ese James que entiende que la religión no compite con la razón, que ella nace del corazón, para darnos las respuestas y la esperanza que la ciencia no puede.

Soy ese James que se conoce, porque se reconoce en las caras y en los actos de sus hijos, con todo lo bueno y lo malo que ello significa. Soy ese James que entiende que, pase lo que pase, el trabajo no es la vida, porque la vida comienza precisamente, todos los días, después del trabajo.

Soy este James, no soy más… ni soy menos.

7 comentarios:

  1. Feliz cumpleaños hermano, me encantó está columna.

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  2. Feliz cumple doc, que sean muchos mas

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  3. Dr James Cifuentes, le deseo el mejor de los cumpleaños Gracias por sus sabios consejis, además de su sapiencia jurídica.

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  4. Feliz cumpleaños doctor James y gracias por compartir sus vivencias le deseo muchos más éxitos en su vida 👏😇

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  5. Siempre es un placer leer tus columnas y comentarios en redes sociales. Espero tener el privilegio de seguir contando con tu amistad y cariño. Además de leer algún día tu libro. Un abrazo!!

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  6. Como siempre un placer leerlo y escucharlo. Un muy feliz y Bendecido medio siglo De. James Cifuentes

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