Por: James Cifuentes Maldonado.
A quienes, como Fernando Londoño, sostienen que
Colombia no está en Guerra o que no hay conflicto y que los insurrectos no son
tal sino meros terroristas, se les olvida
que una característica de la extrema derecha es no reconocer la realidad
ni la diferencia y mucho menos que quienes se levantan contra el régimen
establecido tienen una causa, los ultra derechistas parten del presupuesto de que
todo está bien si ellos están bien, y que los que piensan lo contrario
necesariamente son guerrilleros. Olvidan que desde los comienzos de la
humanidad todas las guerras han sido bárbaras y basadas en el terror, así en
los tiempos modernos se hayan implementado instrumentos de humanización como
los tratados internacionales, instrumentos que de todos modos se cumplen si a
los estados les da la gana.
No niego que el desgaste de las FARC durante más de 50
años de conflicto es grande al punto de haber perdido legitimidad frente al
pueblo, ya que no tienen ideario ni fines claros y sus prácticas son
condenables. Es un hecho que las FARC no se tomarán el poder por las armas y
hace tiempo que están desdibujadas y corrompidas, pero también es un hecho que,
así sean sólo un puñado de hombres, el estado tampoco es capaz de someterlas militarmente, al menos Uribe no
pudo en dos gobiernos de mano dura cuyos
mayores logros curiosamente se vieron en la administración de Santos.
Siendo así el panorama y el circulo vicioso del
conflicto, la salida solo puede ser política; política en la medida que podamos
reconocer, con FARC y sin FARC, desde la derecha y desde la izquierda, con
Uribe, con Santos, con Zuluaga o sin ellos, que Colombia no es Suiza ni es Noruega,
que Colombia es una país mal repartido y con una gran deuda social.
Los gobiernos de derecha, como el que propone Uribe con
su muñeco de ventriloquia suelen ahondar las brechas sociales, porque reprimen
las voces de protesta, se solazan en el progreso que solo pueden amasar los
grandes capitalistas en función de seguir creciendo sus capitales y le dan la
espalda a los desposeídos y los llaman terroristas por el mero hecho de pedir
igualdad de oportunidades y prosperidad democrática.
Para Uribe sólo existe la obsesión de la seguridad democrática, léase el imperio absoluto de la autoridad por la autoridad, así sea
negando y violentando las libertades individuales y las garantías
constitucionales, por ejemplo con la promoción del paramilitarismo que desplaza
pueblos enteros; chuzando teléfonos y correos y ejecutando falsos positivos,
con muertos sacados de las zonas y segmentos más pobres, todo, en nombre del
bien de la patria, porque por la patria se puede todo, eso es nacionalismo a
ultranza y por eso es que Uribe es capaz de decir GRANDES MENTIRAS como las que
dijo Hitler e incluso hacérselas decir a Zuluaga. Pero ojo que primero fueron solo
mentiras, pero las GRANDES MENTIRAS solo se tapan con muertos.
Juan Manuel Santos no es mi santo de devoción, porque
ni devoción tengo, pero para mí si es claro que el gobierno de una nación no
puede darse por el capricho de un solo hombre, que lo hace todo, que lo dice
todo, que descalifica todo, que nada le parece bien, con tal de atornillarse en
el poder y seguir en el propósito de satisfacer su sed personal de venganza. En cuestiones de gobierno y de nación no
bastan los fines, son importantes los medios, pero sobre todo, son importantes las
formas y el tonito, y de eso, el uribismo sabe muy poquito.
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