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viernes, 18 de julio de 2014

…Y SALIO EL SOL PARA SOTO…


Por: James Cifuentes Maldonado


Luego de esa larga y aciaga noche para las huestes del sotismo en Risaralda, salió el sol y ha vuelto la celebración, para ellos, como aquella tarde del 9 de marzo de 2014, cuando se empezaron a ver los primeros resultados de las elecciones parlamentarias que ubicaban a Carlos Enrique Soto nuevamente en el Senado, alegría que se fue aguando cuando los boletines de la Registraduría  iban estrechando cada vez más los márgenes de votos en la última curul del partido de la “U” que entró en disputa con el huilense Carlos Eduardo Gechem.  Así, hubo necesidad de contar voto por voto y mirar con lupa en cada mesa de cada rincón del país donde estos señores tuvieran simpatizantes, todo en un interminable y agónico proceso de 4 meses.

Pero la espera terminó y el senador Soto se volvió a posesionar el pasado 20 de julio, para fortuna de él y de sus seguidores.  Sin embargo, sea que a uno le guste o no el estilo del senador Soto, es innegable que su reelección es una noticia positiva para la región, porque en este disputado país político, en términos de gestión, y aun de mermelada, no es lo mismo para un departamento, con tantos y vitales proyectos como Risaralda, tener un senador que tener dos, y menos, cuando estábamos a merced de quedar representados solo por el señor Juan Samy Merheg cuya legitimidad y ascendencia dentro del conservatismo ha sido puesta en entredicho, e incluso su productividad como legislador.

Es posible que el senador Soto, con su particular forma de ser, un tanto tosco o demasiado serio, y con su estilo de hacer política y de administrar el poder, dentro de una estructura concéntrica sobre la que él mueve todas las fichas, se haya ganado no pocos detractores. Sin embargo con el conocimiento, no muy profundo tal vez, como testigo a la distancia, como mero habitante del Barrio Cuba, puedo decir que Carlos Enrique Soto Jaramillo, es un dirigente que ha hecho todo el curso y a falta de títulos académicos y superando el hecho de no pertenecer a las castas sociales tradicionales de la región, se hizo a un nombre, construyó una gran empresa política  y se abrió un espacio que siempre ha estado creciendo  y que solo se ha visto  amenazado en las recientes  elecciones, por aquello de que algunos de los respaldos de los candidatos a Cámara de Representantes, que se suponía eran para sumar, terminaron haciéndole un hueco de casi 15 mil votos que se fueron para otra parte.

No me referiré a las ejecutorias del senador Soto, que seguramente son muchas porque este artículo no es un “infocomercial”, tampoco meteré el dedo en lo que le ha faltado por hacer que  lógicamente es más de lo que ha logrado, porque el desarrollo de un país y de una región es dinámico y siempre habrá temas pendientes. Si se le mide por sus aciertos y errores, muy probablemente salga rajado, según sea la orilla ideológica que lo juzgue y según sea el analista, especialmente por el enrarecido clima en el que han transcurrido las dos últimas administraciones de Pereira en las que han estado al frente  líderes del Partido de la “U”, y más aún, de la otrora “Casa de la Democracia”, y es un hecho, que han sido ya casi 7 años de un duro enfrentamiento de clases, en el cual los pupilos de Soto han dado papaya.  

Mi propósito con esta nota no es hacer un balance sobre lo que es y no es el Senador Soto, porque es seguro que no tengo suficientes elementos de juicio, lo que sí puedo decir es que es un hombre trabajador, de la política por supuesto, y ha sido protagonista en todos los niveles que ha escalado.  Es obvio que detrás de su organización hay cientos de personas que le deben algo, por su capacidad de gestión en temas burocráticos, dejando claro que la burocracia y lo que llaman despectivamente la mermelada, que a algunos políticos oportunistas les dio por despreciar en elecciones pero que les fascina en tiempo frío, es parte de la naturaleza y del desarrollo de un país democrático, obviamente que uno desearía que la burocracia cada vez estuviera más determinada por los méritos y no por las influencias, pero eso ya es otro tema.   Igualmente no se puede desconocer que Soto es un político activo, que se mueve, que gestiona que se manifiesta y que no brilla propiamente por estar ausente, especialmente de los temas locales, llamando la atención su gran capacidad de vivir en permanente contacto con la comunidad, siendo un dirigente agradecido con aquellos que se la han jugado por él.

En realidad pretendo con este artículo expresar que, más allá de las   pasiones que despierte el senador Soto, para Risaralda y para Pereira, es bueno que haya asegurado su curul, porque en realidad  de no haber reunido los votos suficientes, no hubieran perdido solamente sus electores ni el mismo senador Soto, sino toda una región que requiere de continuidad en el liderazgo y en la gestión de muchos proyectos que ya están andando y de muchos otros que se deben implementar.

Finalmente, para dejar una idea sobre el  talante que me parece  tiene el senador Soto, acudo a una anécdota, que refleja precisamente lo que creo que el senador Soto no es:

Cuentan los que vieron, que en cierta ocasión en el directorio de un reconocido político de Cuba, que continúa activo, por cierto, en una de esas reuniones de viernes por la noche, de atención a la comunidad, se acercó una señora, muy humilde, quien le manifestó al político que tenía una gran dificultad, por la falta de dinero para conseguir unos medicamentos para un pariente suyo muy enfermo, obviamente y de inmediato el líder expresó su solidaridad y disposición de ayudarla para lo cual le pidió que le dejara la fórmula; la señora se la entregó, sin ninguna duda, y se marchó a su casa, confiada.  Al cabo de varias semanas e incluso meses de que la necesitada señora anduviera  tras el político sin que éste hiciera efectiva su ayuda, decidió pedirle, con un ruego y con una angustia mayor a la expresada el primer día, así: “don fulanito, yo le agradezco el interés, pero le pido el inmenso favor de que, por lo menos, me devuelva la fórmula médica, para no volver a pedir cita en el hospital, yo ya veré cómo me consigo la droguita”.

El senador Soto tiene la virtud y/o el defecto, según sea la experiencia específica,  de que a quien le ofrece su ayuda  se la da de verdad y se compromete hasta el final, pero igualmente, cuando algo no le parece o cuando siente que alguien le pide algo que no merece, lo expresa sin dobleces y dice “NO”, con una determinación que se puede confundir con la grosería.  Es decir que el senador Soto podrá ser lo que cada quien piense de él, pero no tiene puntos intermedios, ni anda con rodeos, ni habla con medias tintas; y eso en los políticos no es muy común.

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