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martes, 19 de agosto de 2014

LA IMPORTANCIA DEL DEPORTE EN LA FORMACIÓN DE LAS PERSONAS



Por: James Cifuentes Maldonado.


Mi gusto por el fútbol, siempre ha sido inversamente proporcional a mi talento para ese deporte, por eso, de muchacho, cuando picaban la recocha en el barrio, nadie me escogía y me dejaban de ñapa para el equipo que hiciera el primer gol y… adivinen…, me ponían de arquero en un arco formado por dos piedras, de un metro de ancho, mejor dicho me dejaban ahí sembrado y mi única función era no moverme, con eso ya colaboraba mucho. 

Mi desquite deportivo fue en las bielas; en la bicicleta, en el esfuerzo individual me fue mejor, tanto que formé parte de la liga departamental de ciclismo y tuve la oportunidad de correr en varios certámenes nacionales, pero este deporte, además de condiciones requiere, ciertas coincidencias para salir adelante y muchas de ellas tienen que ver con el apoyo económico y eso era complicado en mi caso y en mi época, y mucho más para ciclistas pisteros (de velódromo)  como lo era yo.  Por eso me retiré, cuando un técnico  de la liga al cual  no le simpaticé, me dijo que, a mis 21 años, yo ya estaba muy viejo, y tal vez tenía razón ese señor, porque yo a esa edad no había ganado nada significativo, aparte del honor de competir y de ponerme ese hermoso uniforme verde de Risaralda con sus 14 estrellas. 

De mi época de ciclista me quedan los valores deportivos, la tenacidad para superar el dolor,  el cansancio y las dificultades, la disciplina de prepararme todos los días y la solidaridad de trabajar en equipo por un objetivo común y superior, no tanto por mi mérito personal sino por el reconocimiento de la tierra que representaba,  y todo eso, al final, en la formación de una persona, hace la diferencia entre el bien y el mal, entre el éxito y el fracaso, cualquiera que sea el camino que tome cuando ya no sea deportista.

En mi caso, habiendo dejado atrás el ciclismo competitivo, terminé mi bachillerato, y por aquello de las coincidencias que mencioné antes, tuve la suerte de ir a la universidad (la Libre de Pereira) y me hice abogado, y hace ya casi 16 años que ejerzo profesionalmente en una empresa en la cual he tenido el reconocimiento y el privilegio de hacer carrera desde el primer peldaño, hasta el lugar que hoy ocupo como Secretario General.

Con esta historia, que pareciera de vanidad, pero que no es tal, aunque a veces no sobra el alimento para el ego, pretendo dejar un testimonio para todas aquellas personas, especialmente los jóvenes, que han tenido barreras y dificultades para realizar su proyecto de vida. Es posible que empezando nos encontremos en el lugar equivocado, como yo, cuando pretendí jugar fútbol y aun cuando quise ser ciclista, pero luego, si no abandonamos las ideas ni los sueños, y además de eso actuamos y trabajamos en pro de ellos, los resultados llegarán como una consecuencia natural, no tanto por suerte o justicia, sino porque el trabajo, el talento y la constancia construyen espacios para nosotros que nadie más puede ocupar, que serán nuestros en la medida que nos los ganemos.

A todos los papás, les recomiendo que, además de educación, inculquen en sus hijos el interés por el deporte, porque la práctica deportiva, al margen de si se logra el éxito o no, en términos de trofeos y medallas, es una experiencia que marca a las personas para siempre, con una huella que generalmente se traduce en principios y valores que ayudan a construir una sociedad mejor. 

Un mensaje igual doy a los gobernantes, para que fomenten la actividad deportiva e inviertan en infraestructura para la misma; tal vez  así, sacaríamos a los muchachos de las esquinas donde nada bueno producen y los llevaríamos a las canchas, a los gimnasios, a las pistas o a las piscinas, para que, al menos, si no llegan a ser campeones y si no consiguen fama y dinero, sean mejores seres humanos, que es lo que realmente importa.

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