Por: JAMES CIFUENTES MALDONADO.
Porque el fútbol es una religión, en ella hay espacio para todos los equipos, así el corazón del hincha sea de un solo dueño, eso no tiene discusión. Porque el amor por una divisa no puede hacernos egoístas para compartir la plaza, como los católicos compartimos la iglesia para rezarle a muchos santos. Porque la ciudad no está escriturada a una sola institución, por antigua que sea. Porque el fútbol también es democrático y porque la voz del pueblo es la voz de Dios.
Si el fútbol no fuera tan universal, no habría cómo hacer un mundial como el que acaba de realizarse en Brasil, en el cual, miles de millones de televidentes en sus casas y de espectadores en los estadios siguieron el evento, partido tras partido, aun cuando su país no estuviera representado.
Entonces, bajo este mismo principio de universalidad, es un absurdo descalificar a un equipo como las Águilas Doradas que circunstancialmente, desde Itagüí vino a parar a Pereira, con todo su fútbol, con su organización y su compromiso de representar a esta ciudad. Compromiso que han refrendado, entre otras acciones, con la adopción de los colores matecañas, en sus propias tonalidades y combinaciones, la renovación del escudo para que sea pereirano y la fundación de la escuela de formación futbolística para fomentar su propia cantera de jugadores, en Pereira. Esto además de los acuerdos de colaboración deportiva que ya se vienen dando con el equipo histórico y ya establecido, es decir, con el Deportivo Pereira.
Por consiguiente y por coherencia debemos respaldar ese proceso sin mezquindades. Es incomprensible que quienes se dicen hinchas del Deportivo Pereira pero también hinchas del fútbol se sustraigan del espíritu deportivo y la solidaridad que debe primar y se dediquen a generar un sectarismo en contra de las Águilas, cuando lo que hay de por medio son oportunidades de ampliar el espectáculo en una plaza tradicionalmente futbolera.
En esta ciudad es tanta la pasión por el fútbol, que cuando terminan los torneos regulares de la DIMAYOR, en pleno diciembre, nos vamos para el viejo fortín de Libaré, al Mora Mora, y nos metemos de lleno en la Copa Ciudad Pereira y vamos a ver equipos de todas las calidades y de todos los colores, con jugadores famosos y desconocidos venidos de todos los rincones del país, en una verdadera fiesta que dura un poco más de un mes y a la que vamos por el mero gusto de seguir viendo rodar el balón y seguir cantando goles, porque no queremos extrañar ese mágico ambiente de estadio, de bullicio y de gente en ningún momento del año.
Todas las grandes ciudades tienen su clásico o su Derby: Madrid con el Real y el Atlético, Londres con el Chelsea y el Arsenal, Roma con la Lazio y la Roma, Buenos Aires con el Boca y el River, Bogotá con Santafé y Millonarios, Medellín con el Poderoso Rojo y el verde Nacional; por lo tanto, Pereira perfectamente puede tener su Depor y sus Águilas,… ¿cuál es el problema?, si lo que queremos es ver estadios llenos y no vacíos.


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