Por James Cifuentes Maldonado
- Admira a quien conozcas que haya aplicado para Doctor y lo haya logrado.
- Siente orgullo, si alguien con doctorado es tu pariente o tu amigo; en Colombia es algo verdaderamente escaso.
- Siente pena por aquel que disfruta con el hecho de que lo llamen “Doctor”.
- Desconfía de quienes, siendo Doctores, exigen que los traten como tal y, huye bien lejos, de los que reclaman lo mismo sin tener la dignidad.
- Duda de aquellos que, comprendiendo lo que es un doctorado, insisten en dirigirse a otros como doctores, sin serlo.
- Compadécete de aquellos a los que les dicen Doctor, y nada pueden hacer para evitarlo y, especialmente, ten paciencia, con los periodistas empalagosos que no le niegan el "doctor" a nadie.
- Aprende de quien rechaza el título de Doctor, por no tenerlo, y solicita el trato apropiado.
- Hazte fanático de quien, aun siendo Doctor, te pida que lo llames simplemente por su nombre.
- No te apures en aclarar la situación, si alguien que te llama Doctor no tiene idea de qué es esa vaina.
- Relájate y estate tranquilo si, al que llamas doctor, es tu médico; puede que no tenga el grado, pero la sociedad y el diccionario de la Real Academia de la Lengua, lo permiten.
ÑAPA 1. Siente lástima de quien, habiendo logrado ser Doctor, lo hizo solo para sumar el título a su ego y no ha cumplido con la misión de investigar y compartir el conocimiento enseñando a otros, que es la verdadera razón del doctorado; esa persona ha perdido un tiempo valioso y mucho dinero.
ÑAPA 2. Simplemente sonríe cuando alguien que gratuitamente te confiere el doctorado lo hace diciéndote “DOC”, o pronuncia la palabra doctor con acento en la primera sílaba “Dóctor”, o le suprime el efecto de la letra “C” “dotor”; eso es de lo más simpático.
ÑAPA 3. Hacerse llamar Doctor, sin serlo, es como andar por la calle con un costoso y pesado vestido, que, por ser ajeno y habido sin permiso, cualquiera te puede quitar.
Esto aplica en general para cualquier cosa de la que nos ufanemos sin tenerla o merecerla.
ÑAPA 4. En tiempos antiguos, ya superados, la santa madre iglesia solía tener muchos curas que terminaban titulados de doctores, que previamente se habían convertido en santos por el mero hecho de morirse y por voluntad del Rey y del Papa, por el monopolio de la riqueza (la tierra, el poder político y el conocimiento); en la actualidad solo son curas o pastores, de menor o mayor rango, párrocos, obispos y cardenales, y dentro de ellos muchas buenas personas, pero también otras solo dedicadas a la explotación del comercio de la fe, además de algunos pederastas disfrazados de bondad y camuflados de sotana.
Esto aplica en general para cualquier cosa de la que nos ufanemos sin tenerla o merecerla.
ÑAPA 4. En tiempos antiguos, ya superados, la santa madre iglesia solía tener muchos curas que terminaban titulados de doctores, que previamente se habían convertido en santos por el mero hecho de morirse y por voluntad del Rey y del Papa, por el monopolio de la riqueza (la tierra, el poder político y el conocimiento); en la actualidad solo son curas o pastores, de menor o mayor rango, párrocos, obispos y cardenales, y dentro de ellos muchas buenas personas, pero también otras solo dedicadas a la explotación del comercio de la fe, además de algunos pederastas disfrazados de bondad y camuflados de sotana.
PDTA. Yo me siento muy bien si quienes me conocen me dicen James, y como no soy doctor, recibo con orgullo, gran honra y compromiso el calificativo de quienes, por falta de confianza, me llaman SEÑOR.
Real Academia de la
Lengua Española: doctor, ra.
(Del lat. doctor, -ōris).
1. m. y f. Persona
que ha recibido el último y preeminente grado académico que confiere una
universidad u otro establecimiento autorizado para ello.
3. m. y f. Título que da la Iglesia con particularidad a algunos
santos que con mayor profundidad de doctrina defendieron la religión o
enseñaron lo perteneciente a ella.
(…)

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