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miércoles, 10 de diciembre de 2014

QUÉ REGALAR EN NAVIDAD




Por James Cifuentes Maldonado

Considerando que la Navidad tiene un origen religioso, habrá quienes la vivan en ese contexto y quienes no; habrá quienes la sientan con mayor o menor intensidad, pero, más allá de los motivos y las convicciones personales, lo verdaderamente importante es que se trata de una época especial, un tiempo extraordinario en el cual los occidentales sentimos la fuerza arrolladora de la generosidad, de la satisfacción de dar y de recibir y la alegría de compartir.

La tradición muestra que la manera aparentemente más fácil de expresar y materializar nuestros sentimientos es con regalos, y... ¿quién no quiere que le hagan un buen regalo? Siendo esto tan obvio, cabe cuestionarse ¿qué podrá ser un buen regalo? Las opciones son tantas como imaginación y/o dinero tengamos, pero en todo caso, no deberíamos permitir que sean FENALCO y la PUBLICIDAD los que respondan la pregunta y decidan por nosotros.

Regalar con dinero es un placer y un privilegio que tiene límites, de hecho muchas personas no lo pueden hacer, pero no por eso se acaba para ellas la magia de la Navidad. Por eso, quienes podamos, vivamos la suerte de comprar, pero no perdamos de vista que lo más importante es compartir y dar de nosotros mismos, desde lo humano, desde lo espiritual.

Gastemos también en navidad con cargo a la cuenta corriente del corazón que es infinita en fondos de AMOR, Amor que se transmite en un simple saludo, en una sonrisa, en un abrazo, en un gesto cordial, en una llamada o en una visita para estar presentes donde queremos, donde podemos y donde debemos estar, ... por supuesto en nuestros hogares, con nuestros hijos, con la familia, con los amigos, con los vecinos, con los compañeros de trabajo, compartiendo una oración, una promesa, una canción, una comida, un brindis; agradeciendo por lo recibido y haciendo votos por seguir juntos y tener la gracia de volvernos a reunir con quienes de momento no están, con los ausentes, porque se fueron lejos persiguiendo sus sueños o porque se nos adelantaron en el inevitable viaje al oriente de la eternidad.

Que en estas fiestas y en esta navidad el único exceso sea de cariño, que la única sobredosis sea de bondad y, si hubiere llanto, que este solo sea por nostalgia y por felicidad.

Desde luego, no olvidemos a quienes la época les hace más grande el dolor de una pérdida o acrecienta su soledad, y démonos a ellos también, con un gesto solidario y de amistad, como el más especial y más grande de los regalos, sin necesidad de VISA ni MasterCard.

Y si en este punto de la lectura, este mensaje no ha logrado inspirar sobre qué obsequiar por estos días, queda planteada la siguiente propuesta:

Regalemos ese PERDON que aún no nos han pedido, pero que tampoco hemos estado dispuestos a dar; por coherencia, llenémonos de grandeza y pidamos ese perdón que no nos hemos atrevido a solicitar y que, en algún lugar, alguien tiene retenido para nosotros.

Cerremos ese asunto pendiente con ese alguien que amamos, que queremos, que estimamos o que admiramos; reconciliémonos con esa persona con quien las cosas no volvieron a ser igual, seguramente por alguna razón o motivo que hoy ya no es importante o no tiene sentido; es muy probable que esa persona esté pensando lo mismo y no se atreva a tomar la iniciativa; hagámoslo nosotros, seamos los primeros en dar el paso y sorprendámonos, porque el perdón, más que una renuncia, una debilidad o una concesión para la otra parte, en realidad es el más grande de los regalos para nosotros mismos, que se traduce en la tranquilidad de nuestras mentes y la paz de nuestros espíritus.

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