Por
James Cifuentes Maldonado
A
propósito de la opinión que una amiga
expresara por redes sociales, en relación con la sociedad actual, en la cual
las personas ya no piensan en el bienestar de
los otros, me referiré hoy al tema de los hijos.
Específicamente mi amiga cuestiona que en la sociedad de hoy se hace demasiado culto al "YO" en detrimento de la unidad familiar y ello es la causa de la proliferación de hogares disfuncionales y, dentro de ellos, hijos que crecen solos, por la falta del valor del sacrificio y del compromiso por parte de los padres
Específicamente mi amiga cuestiona que en la sociedad de hoy se hace demasiado culto al "YO" en detrimento de la unidad familiar y ello es la causa de la proliferación de hogares disfuncionales y, dentro de ellos, hijos que crecen solos, por la falta del valor del sacrificio y del compromiso por parte de los padres
Efectivamente
en la vida se es padre o se es madre por muchas razones; puede suceder por
accidente, por convicción o por mera inercia, porque supuestamente, según los
curas, tener hijos y conformar una familia es la misión fundamental de los
hombres y las mujeres en la tierra, así sin más, como conejos, sin mucho
aprecio por las individualidades y aun a pesar del fenómeno real contemporáneo
de que muchas personas deciden buscar la felicidad sin hijos. Reconozco que no
tener hijos es una opción, complicada a mi juicio en el camino a la
realización, pero al fin, una respetable opción.
Volviendo
al asunto de la procreación, si nos fijamos bien, reproducirse es un acto
natural que los animales llevan a cabo sin complejidad y, en teoría, en nuestro
caso, los humanos, nos deberíamos diferenciar por el hecho de que somos
inteligentes y pensamos y, por lo tanto, tener hijos, debería ser siempre
producto de una decisión planificada.
Pero
bueno, planificados o no, deseados o no, los hijos son una gran
responsabilidad, y, desde cuando se conciben, nacen y crecen, se convierten en
nuestra mayor ilusión, nuestro principal proyecto; pero, es muy cierto, tomarse
en serio la crianza de los hijos de una manera plena implica hacer muchas
renuncias y sacrificios; de alguna manera, que nuestros hijos sean el centro de
nuestras vidas constituye una negación de nosotros mismos y, si no hay una
correcta asimilación, los hijos pueden terminar siendo vistos y sentidos como
una carga.
Por
eso hay que procurar el balance, esto es, que los hijos tengan y reciban todo
lo que deben tener, todo lo que podamos darles, lo cual no debería ser muy
difícil porque el amor es el aliciente para ello, y no todo es comodidad y
dinero; pero aunque eso suena bonito, porque es un ideal incuestionable, hay
que tener cuidado, porque los hijos, siendo nuestra principal obra, algún día
se irán, y los padres nos volveremos a ver solos, como cuando ellos no habían
nacido; nuevamente solos y libres, pero más viejos, con 20, 30 o 40 años más de
recorrido y de cansancio. Obviamente, si los hijos son deseados, o por lo
menos, si cuando llegan sin ser esperados, asumimos el rol de padres como debe
ser, la carga de la crianza no será tan pesada.
Tener
hijos es una vocación y de ninguna manera un negocio. Así nos representen
grandes esfuerzos y exorbitantes costos, de los hijos no podemos esperar mucho,
mejor dicho nada, porque ser padres es una tarea heroica y desinteresada; es
más, en nuestra cultura latina moralmente la obligación y los cuidados para los
hijos nunca terminan, especialmente de parte de las mamás, alcahuetas y
consentidoras por naturaleza.
De
los hijos podemos esperar sólo pequeñas dosis de satisfacción que recibiremos
todos los días, en los momentos más sencillos, con su bienestar, con sus
sonrisas y con sus pequeños progresos, que sumados en el largo plazo los
convertirán en personas autónomas, con sus propias vidas y sus propios
proyectos, lo que incluye el plan de sus propios hijos, es decir los que serán
nuestros nietos; al final eso es lo
único que podemos esperar de los hijos.
Por
lo anterior, los que por convicción nos decidimos a ser padres o, por cualquier
otro motivo, terminamos en la aventura de la paternidad, nunca nos deberíamos
olvidar que los seres humanos somos individuos que tenemos nuestra propia vida
y no podemos perder de vista la necesidad de dedicar un poco de tiempo para nosotros mismos,
en pareja o incluso a solas. Este es el desafío de esta sociedad moderna, este
es el reto, familias que funcionen, con padres e hijos plenos y felices.

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