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jueves, 26 de marzo de 2015

NOCIONES DE LIBERTAD, PARTE I


 Esclavos de una promesa


Llega un momento en la vida en el que uno encuentra otro significado de la palabra libertad, dictado desde los más profundos e íntimos deseos para los que uno decide darse licencia, porque entendemos que no depende de nadie más; porque no hay peor cadena que las verdades y paradigmas que otros nos construyen y con los cuales nosotros mismos terminamos amarrando nuestros sueños; parte de esas cadenas son los prejuicios y los sentimientos de culpa que el cristianismo ha creado para que no seamos felices aquí y ahora, para que nos neguemos y reservemos la felicidad para el otro mundo, para que esperemos resignados la recompensa en el paraíso.
 Placer y felicidad



En esta sociedad mojigata e hipócrita nos han engrupido que la felicidad no tiene nada que ver con el placer, que el placer por sí solo es pecado y que, de hecho, gusto y felicidad no se pueden conjugar en la misma frase; nada más distante de la realidad de que somos en esencia seres emocionales y apasionados, que el placer es la primera y más cercana forma de plenitud; plenitud que es efímera, por supuesto, precisamente para diferenciarse de otros estados igualmente necesarios y trascendentes que complementan y equilibran la mente, el cuerpo y el espíritu; porque el problema no es el gusto, el problema es la medida y la oportunidad.
  
Si escuchas crecer una flor

Hay momentos en que las cosas no son ni significan más de lo que son; la flor es hermosa porque esa es su esencia, su naturaleza y su fin; no es necesario que nos expliquemos su belleza o de donde vienen su figura y su color, simplemente está ahí para que la disfrutemos, mientras dura, sin más complicación.

Gotas de vida

La dicha está dada en pequeñas dosis, momentos cortos, intensos, únicos, que se asemejan al agua de un río limpio, puro y fresco que pasa, nos moja los pies y luego se va; agua que nunca más nos volverá a tocar, aunque nos bañemos muchas veces en el mismo río.






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