En esta sociedad
mojigata e hipócrita nos han engrupido que la felicidad no tiene nada que ver
con el placer, que el placer por sí solo es pecado y que, de hecho, gusto y
felicidad no se pueden conjugar en la misma frase; nada más distante de la
realidad de que somos en esencia seres emocionales y apasionados, que el placer
es la primera y más cercana forma de plenitud; plenitud que es efímera, por
supuesto, precisamente para diferenciarse de otros estados igualmente
necesarios y trascendentes que complementan y equilibran la mente, el cuerpo y
el espíritu; porque el problema no es el gusto, el problema es la medida y la
oportunidad.
Si
escuchas crecer una flor
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario