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lunes, 21 de septiembre de 2015

UN NUEVO GALLO PARA EL MISMO CORRAL




Por James Cifuentes Maldonado




Yo también fui uno de los que sentí esa especie de calambre, después de haber leído la evocación del pasado político pereirano, que magistralmente hizo Alfonso Gutierrez Millán, en su columna de LA TARDE del 27 de agosto, reforzada con la del 17 de septiembre; vale decir que Don Alfonso es mi referente de los opinadores, en la región; el caso es que, para mi sorpresa, el ex notario, al final de esas profundas reflexiones sobre la historia política de la ciudad, para lo cual tiene sobrados conocimientos y autoridad, cambió de tercio, y sin banderillas y sin picar al toro, entró a matar, sugiriéndonos que, en su parecer, la esperanza de cambio para Pereira, está representada en Juan Pablo Gallo.

Yo nunca había escuchado ni leído una palabra más hueca que la palabra CAMBIO, cuando la pronuncia el candidato en cuestión o cuando la ve uno en los carteles y vallas de su campaña: simplemente CAMBIO, como una expresión vacía, que no dice nada.

Si los mecenas de Gallo, que no son ningunas madres de la caridad y saben del oficio de politiquear y de apostar duro, como lo saben hacer los de la otra campaña, sacan adelante su empresa, el “CAMBIO” estará asegurado, pero sólo de alcalde, de burocracia, y de contratistas, nada más.

No dudo de la audacia del joven Gallo, porque el mocetón liberal es ambicioso y atrevido, de hecho ahí va desafiando a grandes gamonales, incluso habiéndole ganado el pulso a Juan Manuel Arango, que no es poca cosa; lo que pasa es que eso no garantiza el CAMBIO, porque su candidatura ha sido el producto de componendas entre personajes que no representan propiamente la renovación de las costumbres políticas; es más de lo mismo; cosa distinta es que el joven Gallo, con todo su ímpetu, hubiera salido por firmas, por una iniciativa ciudadana, que es la única forma de medio asegurar la independencia; y digo esto con reservas, porque los independientes, que logran hacerse a una cargo como el de alcalde o gobernador, suelen verla bien negra con el tema de la gobernabilidad.

Tenemos una democracia imperfecta, que no permite la concreción del gusto popular, que exige la realización de pactos y, en esos pactos, perdemos siempre los electores. Pero en fin, si Gallo gana, y nos sorprende, si en su administración canta más duro que sus patrocinadores, imponiendo su talante y sus promesas, así habré de reconocerlo.

Amanecerá y veremos qué pasa en el gallinero. Por lo pronto creo que Gallo hoy es una incógnita, que ha tomado forma por el cansancio de unos, por los anhelos de poder de otros, y porque creo que muchos, simplemente, están pensando con el deseo... inclusive Don Alfonso.



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