Por James Cifuentes
Maldonado
En diciembre de 2015,
la Gobernación de Risaralda entregó para el uso de los aficionados al
skateboarding en Pereira y en la región unas instalaciones para la práctica de
dicho deporte, con unas inversiones que superaron los 2000 millones de pesos,
inaugurado con el “Festival Eje Extremo 2015”. Dicho
escenario impacta por muchos detalles, entre ellos, la generosa extensión
del espacio intervenido y las excelentes especificaciones de cada una de las
superficies donde los asistentes hacen sus piruetas montados en sus patines,
patinetas y bicicletas.
Pero además de la buena
calidad con la que quedaron logradas las obras del SkatePark, que así se llama
el lugar, ubicado contiguo a las piscinas de la Villa Olímpica, lo que más
impresiona es la nutrida concurrencia con la que permanece, especialmente en
fines de semana e incluso diariamente en horas de la tarde. En el pasado,
al transitar por la Plazoleta Risaralda, frente al Estadio, observaba curioso
la gran cantidad de muchachos que allí se reunían a saltar prácticamente sobre
lo que se les atravesara, arriesgando no solo su integridad física sino la de
los transeúntes y demás personas que también utilizaban ese lugar para otras
actividades.
Da gusto entonces que
el Gobierno Departamental haya hecho la lectura de la necesidad y haya
visionado y materializado esa tremenda infraestructura para aprovechamiento por
parte de los seguidores de los deportes extremos que reclamaban un escenario de
primera, apto para eventos nacionales e incluso internacionales. No estoy
exagerando, porque cuando uno está en el SkatePark, en una ciudad tan tacaña
con los espacios públicos como Pereira, se siente como en otro país.
En general lo que vi en
el SkatePark fue un montón de pelados de todas las pintas, recreándose y
haciendo deporte, unos con más habilidad que otros, pero con el mismo
entusiasmo de superarse a sí mismos a través de la exhibición y la sana
competencia. Sin embargo, también noté como unos pocos alternaban sus prácticas
con el consumo de alucinógenos ante la mirada impotente de las
autoridades que nada pueden hacer, circunstancia que los viciosos conocen y los
llevan a abusar de sus derechos, del desarrollo de la personalidad y del
confort que les da la garantía de “la dosis mínima”, al punto de que alardean
con descaro ante el público y desafían insolentes a los policías mostrándoles
cómo degustan sus porros; eso no está bien, jovencitos y jovencitas skaters, y
se ve muy feo.
Igualmente se ve feo
que en todos los alrededores de la Villa Olímpica no haya una sola canasta para
la basura, lo que conlleva a que la gente arroje sus desperdicios por todos
lados, sin opción y sin remedio. Señor alcalde, aquí se necesita un poquito del
cambio prometido.

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