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viernes, 1 de abril de 2016

El Skatepark de Pereira.





Por James Cifuentes Maldonado

En diciembre de 2015, la Gobernación de Risaralda entregó para el uso de los aficionados al skateboarding en Pereira y en la región unas instalaciones para la práctica de dicho deporte, con unas inversiones que superaron los 2000 millones de pesos, inaugurado con el “Festival Eje Extremo 2015”.   Dicho escenario  impacta por muchos detalles, entre ellos, la generosa extensión del espacio intervenido y las excelentes especificaciones de cada una de las superficies donde los asistentes hacen sus piruetas montados en sus patines, patinetas y bicicletas.

Pero además de la buena calidad con la que quedaron logradas las obras del SkatePark, que así se llama el lugar, ubicado contiguo a las piscinas de la Villa Olímpica, lo que más impresiona es la nutrida concurrencia con la que permanece, especialmente en fines de semana e incluso diariamente en horas de la tarde.  En el pasado, al transitar por la Plazoleta Risaralda, frente al Estadio, observaba curioso la gran cantidad de muchachos que allí se reunían a saltar prácticamente sobre lo que se les atravesara, arriesgando no solo su integridad física sino la de los transeúntes y demás personas que también utilizaban ese lugar para otras actividades.

Da gusto entonces que el Gobierno Departamental haya hecho la lectura de la necesidad y haya visionado y materializado esa tremenda infraestructura para aprovechamiento por parte de los seguidores de los deportes extremos que reclamaban un escenario de primera, apto para eventos nacionales e incluso internacionales. No estoy exagerando, porque cuando uno está en el SkatePark, en una ciudad tan tacaña con los espacios públicos como Pereira, se siente como en otro país.

En general lo que vi en el SkatePark fue un montón de pelados de todas las pintas, recreándose y  haciendo deporte, unos con más habilidad que otros, pero con el mismo entusiasmo de superarse a sí mismos a través de la exhibición y la sana competencia. Sin embargo, también noté como unos pocos alternaban sus prácticas con el consumo de alucinógenos ante la  mirada impotente de las autoridades que nada pueden hacer, circunstancia que los viciosos conocen y los llevan a abusar de sus derechos, del desarrollo de la personalidad y del confort que les da la garantía de “la dosis mínima”, al punto de que alardean con descaro ante el público y desafían insolentes a los policías mostrándoles cómo degustan sus porros; eso no está bien, jovencitos y jovencitas skaters, y se ve muy feo.

Igualmente se ve feo que en todos los alrededores de la Villa Olímpica no haya una sola canasta para la basura, lo que conlleva a que la gente arroje sus desperdicios por todos lados, sin opción y sin remedio. Señor alcalde, aquí se necesita un poquito del cambio prometido.

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