Por
James Cifuentes Maldonado
Negarle
la posibilidad a alguien, que tenga los medios y la capacidad económica de pagar,
de un desplazamiento en un vehículo tipo UBER es como imponerle a quien gusta
de los buenos restaurantes que se conforme con un corrientazo.
La
entrada de UBER en los 59 países donde ya hace presencia no ha sido pacífica,
pero la causa no ha sido su inconveniencia para la comunidad o que sus
atributos como solución para los pasajeros hayan sido desvirtuados; por el
contrario, los beneficios en materia de agilidad, comodidad y seguridad saltan
a la vista, al punto que al gremio de los taxistas, que en realidad no es de
los taxistas sino de los capitalistas dueños de los taxis, muchos de los cuales
acaparan la propiedad de cientos de cupos, solo les ha quedado a la opción de
repetir como loros que UBER es ilegal.
UBER
hoy es ilegal como en su momento lo fueron las comunicaciones de voz que no se
cursaran por las redes de larga distancia nacional e internacional por los
prefijos establecidos; actualmente la gente se comunica gratis y en tiempo
real, con audio y video, a través de una innumerable cantidad de aplicaciones
para las cuales solo se necesita un buen aparato telefónico y una conexión a
internet, y de los prefijos de larga distancia, ya casi nadie se acuerda.
El
gobierno ha dado bandazos sobre las alternativas de transporte, por un lado
promoviendo el uso de las nuevas tecnologías de la información y por el otro
cortándole el paso con reglamentaciones tibias como la expedida con el decreto
2297 de 2015, en donde se lee el siguiente requisito: “Demostrar que los
conductores que atiendan la prestación del servicio individual de pasajeros en
el nivel de lujo están certificados en competencias laborales, para el
transporte de pasajeros y cuentan con capacitación en atención al usuario, en
un mínimo de 50 horas”.
Pregunto,
con todo respeto y guardadas las excepciones, ¿y es que los señores que
conducen los carros amarillos se han caracterizado precisamente por su
amabilidad con los usuarios y su disciplina con las normas de tránsito?; parece
un chiste.
Sí,
UBER es ilegal, pero solo porque la legislación es obsoleta y no es capaz de
seguirle el paso a la tecnología y porque el gobierno y los padres de la
patria, como en muchos otros casos, defienden intereses económicos particulares
en detrimento del bienestar social.
UBER
llegó a Pereira y por supuesto los líderes taxistas no se han hecho esperar con
la cantaleta de la ilegalidad, chantajeando al alcalde y a las autoridades;
amenazando porque son muchos y pueden paralizar la ciudad cuando quieran, pero,
de argumentos, de excelentes vehículos y buen servicio para la comunidad,
“nanay cucas”.

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