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martes, 31 de mayo de 2016

UBER, ¿ángel o demonio?





Por James Cifuentes Maldonado



Negarle la posibilidad a alguien, que tenga los medios y la capacidad económica de pagar, de un desplazamiento en un vehículo tipo UBER es como imponerle a quien gusta de los buenos restaurantes que se conforme con un corrientazo. 



La entrada de UBER en los 59 países donde ya hace presencia no ha sido pacífica, pero la causa no ha sido su inconveniencia para la comunidad o que sus atributos como solución para los pasajeros hayan sido desvirtuados; por el contrario, los beneficios en materia de agilidad, comodidad y seguridad saltan a la vista, al punto que al gremio de los taxistas, que en realidad no es de los taxistas sino de los capitalistas dueños de los taxis, muchos de los cuales acaparan la propiedad de cientos de cupos, solo les ha quedado a la opción de repetir como loros que UBER es ilegal.



UBER hoy es ilegal como en su momento lo fueron las comunicaciones de voz que no se cursaran por las redes de larga distancia nacional e internacional por los prefijos establecidos; actualmente la gente se comunica gratis y en tiempo real, con audio y video, a través de una innumerable cantidad de aplicaciones para las cuales solo se necesita un buen aparato telefónico y una conexión a internet, y de los prefijos de larga distancia, ya casi nadie se acuerda.



El gobierno ha dado bandazos sobre las alternativas de transporte, por un lado promoviendo el uso de las nuevas tecnologías de la información y por el otro cortándole el paso con reglamentaciones tibias como la expedida con el decreto 2297 de 2015, en donde se lee el siguiente requisito: “Demostrar que los conductores que atiendan la prestación del servicio individual de pasajeros en el nivel de lujo están certificados en competencias laborales, para el transporte de pasajeros y cuentan con capacitación en atención al usuario, en un mínimo de 50 horas”.  



Pregunto, con todo respeto y guardadas las excepciones, ¿y es que los señores que conducen los carros amarillos se han caracterizado precisamente por su amabilidad con los usuarios y su disciplina con las normas de tránsito?; parece un chiste.



Sí, UBER es ilegal, pero solo porque la legislación es obsoleta y no es capaz de seguirle el paso a la tecnología y porque el gobierno y los padres de la patria, como en muchos otros casos, defienden intereses económicos particulares en detrimento del bienestar social.



UBER llegó a Pereira y por supuesto los líderes taxistas no se han hecho esperar con la cantaleta de la ilegalidad, chantajeando al alcalde y a las autoridades; amenazando porque son muchos y pueden paralizar la ciudad cuando quieran, pero, de argumentos, de excelentes vehículos y buen servicio para la comunidad, “nanay cucas”.

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