Por
James Cifuentes Maldonado
Quisiera
uno que la democracia, el derecho a elegir y ser elegido, derivara del sano
juicio, de lo que la gente piensa y luego materializa en las urnas con la
debida información, pero no, y de ahí su imperfección; El “Estado de Opinión”,
que no puede confundirse con la voz del pueblo y menos con la voz de Dios, es
apenas un eco lánguido y distorsionado del diálogo sordo entre ingenuos y avispados.
Los
temas de la vida nacional son abordados con el mayor despliegue, por las plumas
y los analistas más reputados, porque son cruciales como la economía; sensibles
como el hambre de los niños o la violencia contra las mujeres; escandalosos y
eternos como la corrupción, confusos como las leyes, desmoralizantes como la
desigualdad y la injusticia, y frustrantes como la paz y la guerra.
El
menú editorial de nuestro país resulta fatigante cuando el plato que más se
sirve es la política, en ese tinglado que se ha montado entre uribistas y
santistas, lleno de la estupidez y la mala leche que mana de esa lucha por
imponerse de cualquier modo y a cualquier precio.
Sin
embargo, los que saben escribir, escriben, y los que no sabemos, también,
porque esos temas, esperanzadores unos y dolorosos otros, son de interés
público, pero al respetable público no le importan, están ocupados en otras
cosas, están seguramente “A otro nivel”.
En
este escenario de superficialidad y animosidad, donde muchos decimos hasta misa
sin tener claridad de nada, se eligen los gobiernos, los de la derecha y los de
la izquierda, se debaten los planes, los buenos y los malos, se truncan los
procesos aun sin haber empezado y se matan las ideas sin haber nacido; todo
porque, aunque el pueblo esté desinformado, tiene lo más importante, lo que más
interesa al sistema, su opinión, que tiene su mayor expresión en el sagrado
ejercicio del voto, un voto carente de criterio, que asegura la continuidad de
los mismos con las mismas, aunque después, en medio de la resaca electoral, nos
preguntemos ¿y qué diablos hace ese elefante trepado en ese poste, olvidando
que lo subimos nosotros.
Cito
la interesante reflexión que al respecto hizo Armando Guio Español, profesor
universitario de los Andes, quien dijo: “El Estado de Opinión podrá ser una
forma superior del Estado de derecho sólo cuando la gente tenga completa
educación y la consiguiente claridad para entender la magnitud de lo que está
en juego y la responsabilidad que significa el ser libre para vivir en
democracia. Mientras eso no ocurra, la invocación a un Estado de opinión no es
más que una herramienta dirigida a posibilitar proyectos personalistas en
beneficio de las minorías, avalados por la inconciencia de todos”.

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