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sábado, 21 de abril de 2018

A T R A P A D A



Ella me preparó un chocolate, amargo como me gusta, y al acercarse a mí para entregármelo, desde su blanco cuello brilló una cadena de la que pendía una llave dorada, muy bonita; le pregunté qué hacia ese objeto ahí, ... me respondió: he cerrado mi corazón, porque quienes alguna vez entraron hicieron mucho daño;
¿y entonces para qué conservar la llave?
... porque me debato en el predicamento de que nadie más entre, pero al mismo tiempo que nadie salga.

JAMES E CIFUENTES



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