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martes, 1 de septiembre de 2015

LA RENOVACIÓN DE MIS VOTOS



Por James Cifuentes Maldonado

El pasado 5 de abril año me referí a la que, en ese momento, era la noticia de mayor revuelo en el acontecer político local, ni más ni menos que el anuncio del triunvirato más sorprendente, en la carrera por la alcaldía de Pereira: Israel Londoño, Martha Bedoya y Juan Manuel Arango, en una misma campaña. En esa ocasión hice mi acto de fe en cuanto que, por arrevesada que fuera dicha alianza, creería en ella, como una comprensión, tal vez ilusa, de que se anteponían noblemente los intereses de la ciudad y no las componendas que se suelen dar en este tipo de movidas. 

Un acto de fe, como una oportunidad que yo le di al cierre de un proceso con salidas en falso pero también con buenos proyectos, impulsados por el senador Enrique Soto, gestionados a través de sus pupilos, en las dos últimas administraciones; proceso con varias asignaturas pendientes, que es necesario enderezar y materializar, tales como las soluciones de movilidad, el control del espacio público; la consolidación del bioparque de flora y fauna, y la remodelación del aeropuerto. 

Luego, la ciudad política se vuelve a estremecer, como quiera que el candidato que seguía en carrera con corte cívico, Luis Enrique Arango, levantó la mano y se retiró, argumentando insuficiencia de fondos y poco peso en las encuestas, dejando con los crespos hechos a muchos que soñaban con una alcaldía distinta, técnica, de un gerente, lo cual ya no va a ser. Quedan entonces los que se habían matriculado con “Pereira Firme” como una gelatina, sin el camino claro, puesto que ninguna de las campañas sobrevivientes encarna los ideales que sustentaron la aspiración del Ingeniero Arango. 

Sucede entonces otra de esas jugadas impensadas y que confirman que en política no hay lógica ni reglas y que cualquier cosa puede pasar, sin importar las rivalidades históricas ni las incompatibilidades morales, y, así como Juan Manuel terminó levantando el brazo de Israel, Luis Enrique acabó levantando el brazo de Juan Pablo Gallo diciendo que su proyecto era afín al suyo, lo cual no se lo cree ni él, y demuestra su capacidad de contorsionismo. 

Para rematar, el Centro Democrático, que quedó colgado de la brocha, anuncia que adhiere al “Negro” gracias a las nostalgias y empatías uribistas del Senador Soto, de donde surge una pregunta, ¿qué pensarán, a todas estas, uribistas fundamentalistas como Álvaro Ramírez, que tanto han cuestionado las dos últimas alcaldías?... ¿Ah? 

Para no desentonar, por las razones y esperanzas ya explicadas, aunque sin sentirme cómodo, renuevo mis votos en Israel, admitiendo que, ninguna de las propuestas que quedan en juego, es garantía real de cambio o de renovación de las costumbres políticas.


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