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lunes, 21 de diciembre de 2015

Un poquito corruptos.






Por James Cifuentes Maldonado


Una de las formas más nocivas y latentes de corrupción, por la falta de conciencia que hay sobre la misma, se da cuando un trabajador no presta a cabalidad los servicios por los cuales fue contratado, es decir, no trabaja el tiempo que le pagan.  Surge entonces una hipótesis a manera de silogismo que invito a analizar: Si no trabajar por todo el tiempo que nos pagan, constituye un acto de corrupción, y, si nosotros en ocasiones, por motivos no razonables, no hemos trabajado la totalidad de nuestra jornada, ¿hemos sido corruptos?; la respuesta es un rotundo SI.

Los presupuestos de la hipótesis son reales, se dan todos los días, en todas las empresas, dicen que más en el sector público que en el privado, pero el hecho es que ese mal existe y mina el aparato productivo y la competitividad del país, con cierta permisividad y tolerancia social.    

El fenómeno también está presente y, con mayor impacto, en las prácticas empresariales, porque corrupción también es consignar información imprecisa o falsa en los empaques de los productos que a diario compran los consumidores; corrupción es informar que se entregan 500 gramos de un alimento cuando la medida real indica 400; corrupción es la publicidad engañosa, y, más que corrupto, es conformar carteles para forzar a los consumidores a pagar más caro un producto o servicio que sería más favorable, si al mercado no le metieran la mano con esos oscuros pactos, que van más allá del fraude y de la mera falta administrativa y deberían tener tras las rejas a los delincuentes de cuello blanco que los han cometido, por ejemplo con los pañales, el azúcar, el arroz, etc.

En buena hora este gobierno, está presentando el examen de admisión para que Colombia haga parte del club de buenas prácticas conocido como la OCDE, Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, cuya misión es “promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas alrededor del mundo”, según se lee en su sitio web. Al proceso de adhesión a esta organización, de la cual, vale decir, solo hace parte Chile, por parte de Suramérica, le debemos virajes y acciones del gobierno como el aumento en la inspección en las condiciones laborales, los controles a los carteles de precios, el desmonte de las cláusulas de permanencia mínima en servicios de telecomunicaciones y la fijación de políticas para asegurar el correcto tratamiento de los datos personales, entre muchas otras.

Entonces, corrupción no solamente es adulterar los sistemas de emisión de gases de los vehículos, la desgracia actual de la Volkswagen; corrupto también es el que, sin justificación, llega tarde al trabajo. El mundo civilizado ya no admite que seamos “un poquito corruptos”.

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