Por
James Cifuentes Maldonado
Llevamos
ya meses, desayunando, almorzando y cenando James Rodriguez, y chévere porque
yo también me cuento entre los admiradores del jugador, además que soy seguidor
del futbol. La cuestión, el corcho que
ni se hunde ni se sale del remolino, ha venido girando alrededor del por qué
James, siendo tan bueno, no es titular en el Real Madrid, situación que no para
de atormentarnos y más ahora que el colombiano ha vuelto a brillar en la Copa
América.
La
respuesta es sencilla, nadie es indispensable y cuando se trata de una
organización o de un equipo priman los planes y los criterios colectivos y esa
es una lección que nos está dando Zinedine Zidane, que se ha dado el lujo de
tener sentado un jugador de 80 millones de euros, hoy algunos dicen que de 90, simplemente
porque no encaja en su ideal táctico, y los resultados lo respaldan.
El
Real Madrid repuntó notablemente en la última parte de la Liga española y puso
a apretar los dientes al Barcelona que cabalgaba sobrado en la punta y terminó
con el equipo merengue respirándole en la nuca y, finalmente, los blancos se
hicieron a la undécima estrella de la Liga de Campeones de Europa, que no es
poca cosa, que no es propiamente un premio de consolación y todo eso lo
consiguió con James de suplente e incluso sin jugar.
James
Rodriguez tiene el talento que todos queremos tener, la juventud para hacer
cualquier plan, juega (trabaja) en un equipo de los mejores del mundo, el paraíso
de los futbolistas, percibe astronómicos ingresos por sueldo y publicidad, tiene
una bonita familia y es querido por casi todos los colombianos que vemos
proyectados en él muchos de nuestros sueños;
pero es posible que hoy James no sea feliz, porque la felicidad es algo
que está asociado a un concepto que va más allá del poder, de los bienes y del
estatus, la felicidad deriva de algo que se llama PLENITUD y es claro que James
hoy no está pleno, porque, así públicamente diga lo contrario para quedar
políticamente correcto, es evidente su incomodidad y su frustración por no
haber sido el protagonista y el directo responsable de los éxitos recientes de
su club, como a él le gusta, como nos gusta a todos.
Para entender un poco
esto de la felicidad como consecuencia de la plenitud, me atrevo a decir que,
James Rodriguez, levantando la copa de la Champions League, no sintió la quinta
parte de la emoción que tuvo cuando levantó el trofeo de la Pony Futbol en
Medellín, por allá, en 2004, cuando todavía era un niño y la opulenta realidad
que hoy lo rodea no cabía en su cabeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario